Archivos Mensuales: mayo 2010

Y mi primer trabajo?


A pesar que soy un fiel creyente del precepto de Confucio que dice: “Elige un trabajo que ames y no trabajarás un día más de tu vida“, no siempre a la primera vamos a conseguir un trabajo que amemos.

Conozco muchos recién graduados que prefieren estar sin empleo, a estar en un trabajo que no les gusta.

Y quizás en algunos casos, yo sea el culpable.

Lo que pasa es que eso es lo ideal. Y al principio, pues uno debe probar en varias áreas, hasta conseguir la que más se adapte a nuestra conveniencia.

Con el tiempo es que podemos ser exigentes, y trabajar en dónde y cómo queramos. Pero, si tenemos el Curriculum Vitae vacío, pues no queda de otra.

Habrán personas que por más que han tratado de buscar el trabajo que más les gusta, pues se quedan con el trabajo que más dinero o estabilidad les da. Y allí entra luego la balanza personal que uno debe usar. ¿Qué prefiero? ¿Qué necesito? ¿Cómo puedo mezclar ambas cosas?

Y créanme que se pueden mezclar. Y a veces salen unos cócteles muy buenos y beneficiosos.

Pero al principio, prueben varias áreas. En el área amorosa se dice que se deben besar varios sapos hasta conseguir a la princesa. Pues a veces en el campo laboral es igual…

Luis Castellanos
Reflexiones Diarias

Estoy aprendiendo a amar


Estoy aprendiendo a aceptar a las personas, aun cuando ellas me decepcionan, cuando huyen del ideal que tengo para ellas, cuando me hieren con palabras ásperas o acciones impensadas.

Es difícil aceptar las personas como ellas son, sin que sean como deseamos que ellas sean.
Es difícil, muy difícil, pero estoy aprendiendo.

Estoy aprendiendo a amar.
Estoy aprendiendo a escuchar. Escuchar con los ojos y oídos.
A escuchar con el alma y con todos los sentidos.
Escuchar lo que dice el corazón, lo que dicen los hombros caídos, los ojos, las manos inquietas.
Escuchar el mensaje que se esconde por entre las palabras vanas, superficiales.
Descubrir la angustia disfrazada, La inseguridad mascarada, la soledad encubierta.

Penetrar la sonrisa fingida,la alegría simulada, la vanagloria exagerada.
Descubrir el dolor de cada corazón.
Poco a poco, estoy aprendiendo a amar.
Estoy aprendiendo a perdonar. Pues el amor perdona, quita los rencores, y cura las heridas que la incomprensión e insensibilidad lo lastimaron.

El amor no alimenta resentimientos con pensamientos dolorosos.
No cultiva ofensas con lástimas y autoconmiseración. El amor perdona, olvida, extingue todos los esquicios de dolor en el corazón.

Poco a poco…
Estoy aprendiendo a perdonar.
Estoy aprendiendo a descubrir el valor que se encuentra dentro de cada vida, de todas las vidas.
Valor soterrado por el rechazo, por la falta de comprensión.
Cariño y aceptación, por las experiencias desagradables vividas a lo largo de los años.
Estoy aprendiendo a ver,en las personas su alma, y las posibilidades que Dios les dio.

Estoy aprendiendo,
¡Pero cómo es de lento el aprendizaje!,
¡Cómo es difícil amar, amar como Cristo amó!
Todavía, tropezando, errando, estoy aprendiendo…
Aprendiendo a no ver solamente …mis propios dolores, mis intereses, mi ambición, mi orgullo, cuando estos impiden el bienestar y la felicidad de alguien!

¡¡Cómo es difícil amar, pero estoy aprendiendo!!

Anónimo

Águilas pescadoras


El canal National Geografic presentó un programa que mostraba cómo hacen las águilas para atrapar peces en los lagos. Vuelan muy alto sobre el lago, , y su visión es tan aguda que localizan con facilidad al pez que quieren pescar. Al verlo, doblan las alas hacia atrás y se lanzan directamente hacia él a gran velocidad. Al llegar al agua, extienden las alas, abren las garras, asen al pez y vuelven a la playa.

En ese programa, mostraron una película que presentaba un hecho poco común. Un águila se sumergió apara atrapar al pez; pero, el pez era muy grande. Al comenzar a levantar el vuelo, el águila hacía un esfuerzo muy grande. El pez era pesado y ella no lograba soportar su peso.

Dándose cuenta de que no podía con su presa, trató de soltar al pez. Pero sus garras habían penetrado tan hondo en sus carnes que no podía sacarlas. Luchó mucho, pero no tuvo éxito. Comenzó a caer al lago, ahogándose, porque no pudo librarse de la caza que había atrapado.

Muchas veces, nosotros nos aferramos de cosas que pueden ser peligrosas. Escogemos malos amigos, malos programas de televisión, alimentos dañinos. En fin, nuestras elecciones acaban siendo demasiado pesadas y grandes para nosotros.

Al principio, creemos que tenemos el control, y que podremos apartarnos del mal cuando lo deseemos. Pero, sin darnos cuenta, eso se transforma en un hábito. Cuando un día tratamos de librarnos y de salir, descubrimos que estamos demasiado agarrados de las malas costumbres. ¡Estamos descontrolados!

Lo mismo que le pasó al águila que no consiguió librarse del pez y murió ahogada, puede pasarnos a nosotros; y cuando nos acordemos, será demasiado tarde para abandonar el mal; ciertamente pereceremos juntamente con él. A veces, los malos amigos nos llevan a hacer cosas que no haríamos si no anduviéramos con ellos.

Vía Renuevo de Plenitud

Harry Truman


Harry Truman fué una clase diferente como Presidente. Probablemente hizo tantas ó mayores decisiones en relación con la historia de USA como Nación como las que hicieron los otros 42 Presidentes que lo precedieron. Sin embargo, una medida de su grandeza puede que permanezca para siempre y esa fué lo que hizo después que dejó la Casa Blanca.

El único Activo que tenía cuando falleció era la casa en cual vivía, que se hallaba en Independence, Missouri . Su esposa la había heredado de sus padres y aparte de los años que pasaron en la Casa Blanca fué donde vivieron durante toda la vida..

Cuando se retiró de la vida Oficial en 1952, todo su ingreso fué de una pensión que se reportó que venía del Ejército de EUA de $13,507.72 al año. El Congreso, enterándose que pagaba sus sellos de correo y pegándolos personalmente con su saliva, le otorgó un ‘allowance’ y, más tarde, una pensión retroactiva de $25,000 por año.

Luego de la inauguración del Presidente Eisenhower , Harry and Bess regresaron manejando su carro a su hogar en Missouri . Sin ninguna companía del Servicio Secreto.

Cuando le ofrecían posiciones Corporativas con grandes salarios, los rechazaba, diciendo, “Ustedes no me quieren, lo que quieren es a la figura del Presidente y esa no me pertenece. Le pertenece al Pueblo Norteamericano y no está a la venta…”.

Aún después, cuando en el 6 de Mayo del1971, el Congreso estaba preparándose para otorgarle la Medalla de Honor en su 87 cumpleaños , se rehusó aceptarla, escribiéndoles que “No considero que haya hecho algo que me la merezca, ya sea que venga del Congreso ó de ninguna parte”.”

Como Presidente se pagó todos los gastos de viaje y la comida con su propio dinero.

Políticos modernos han encontrado un nuevo nivel de éxito usando la Presidencia, resultando que obtienen una enorme riqueza. Hoy día, muchos políticos en el Congreso también han encontrado los medios de convertirse en millonarios, mientras disfrutan sus puestos, los cuales están ahora a la venta. (sic. Illinois )

El bueno de Harry Truman estaba en lo correcto cuando observaba, “Mis metas en la vida siempre fueron ser un pianista de una casa de putas ó ser político. Y para decir la verdad, no existe gran diferencia entre las dos”

Autor desconocido

Alimento para el Ego


En días pasados me encontré con un ex-empleado, que se gradúa pronto de Abogado, y me sorprendió gratamente al decirme que me lo debía a mi!

Por supuesto que mi respuesta inmediata fue decir “De nada”, pero luego le pregunté de manera muy discreta el “por qué yo?” “Qué hice?”

Pues me respondió que habiendo visto mi trabajo diario, y al saber que yo tenía dos carreras, pues él se dijo: ¿y por qué yo no?

Y a lo largo de mi vida profesional, me he conseguido a muchas personas, que de una u otra manera, tienen que agradecerme algo. Y por supuesto que les acepto el cumplido, pero inmediatamente pienso “por qué yo?”. No he hecho nada fuera de lo común para ayudar a algunos. Sólo he hecho mi trabajo y he sido como soy.

Y a pesar que no puedo llevar esas palabras a la venta de autos para que me entreguen un carro nuevo, o usarlas para comprar una vivienda, pues es indudable que ello constituye alimento para el ego. Es parte del por qué se abraza el apostolado de la docencia. Es la retribución que recibimos a lo largo de nuestra vida.

Nos sentimos mejor, nos sentimos apreciados, recordados, y admirados.  Y les puedo decir que es una sensación espectacular!

Normalmente soy humilde y modesto, pero el último cumplido me hizo escribir este post, para compartir mi gozo con ustedes, a riesgo de sonar precisamente ególatra y de que me vean pavoneando mis logros y éxitos.

Seamos auténticos, cumplamos nuestras obligaciones con pasión y con cariño, ayudemos cuando podamos ayudar (y cuando no, los dirijimos a quienes si puedan ayudarle), y seguramente más de una persona querrá seguir nuestros pasos…

Luis Castellanos
Reflexiones Diarias

Como los animales


EL BUITRE:

Si pones un buitre en un cajón que mida 2 metros x 2 metros y que esté completamente abierto por la parte superior, esta ave, a pesar de su habilidad para volar, será un prisionero absoluto.  La razón es que el buitre siempre comienza su vuelo desde el suelo con una carrera de 3 a 4 metros.  Sin espacio para correr, como es su hábito, ni siquiera intentará volar sino que quedará prisionero de por vida en una pequeña cárcel sin techo…

El MURCIÉLAGO:

El murciélago ordinario que vuela por todos lados durante la noche es una criatura sumamente hábil en el aire pero no puede elevarse desde un lugar a nivel del suelo. Si se le coloca en el suelo en un lugar plano, todo lo que puede hacer es arrastrarse indefenso y, sin duda, dolorosamente, hasta que alcanza algún sitio ligeramente elevado del cual se pueda lanzar a si mismo hacia el aire. Entonces, inmediatamente despega rápidamente.

LA ABEJA

La abeja , al ser depositada en un recipiente abierto, permanecerá allí hasta que muera, a menos que alguien la saque.  Nunca ve la posibilidad de escapar que existe por arriba de ella, sin embargo insiste tratando de encontrar alguna forma de escape por los laterales cercanos al fondo.  Seguirá buscando una salida donde no existe ninguna, hasta que se destruya completamente a sí misma.

LAS PERSONAS:

En muchas formas, somos como el buitre, el murciélago y la abeja obrera.  Lidiamos con nuestros problemas y frustraciones, sin nunca darnos cuenta que todo lo que tenemos que hacer es ver hacia arriba..  Esa es la respuesta, la ruta de escape y la solución a cualquier problema.

Sonríe


Sonríe… lo haces muy bien. Sonríe. Que a través de ella se caen los muros de la timidez.

Sonríe… lo haces muy bien. Que al sonreir se levanta el cálido susurro del cántico de la amistad.

Sonríe… lo haces muy bien. Cuando te lo propones se desata en ti lo especial que eres.

Sonríe… lo haces muy bien. Al sonreir llegan los hermosos colores del saludo fraternal.

Sonríe… lo haces muy bien. Al mirarte en tu propia sonrisa ves los detalles del amor en su mágico esplendor.

Sonríe… lo haces muy bien. Porque te acaricias el alma cada vez que te muestras contento.

Sonríe… lo haces muy bien. Es el reflejo de tu ser que se evidencia cuando enseñas lo mejor de tí.

Sonríe… lo haces bien. El brillo de tus ojos acompaña a tu sonrisa para explotar como estrellas brillantes en la oscuridad nocturna.

Sonríe… lo haces muy bien. Ya que al mostrar tu sonrisa se suaviza el momento del coraje que pasastes ayer.

Sonríe… lo haces muy bien. Es que tu sonrisa se proyecta hacia el cielo y perfuma el ambiente con gratos olores que suenan a libertad.

Sonríe… lo haces muy bien. Sonido de ternura que arropa los sentidos, los cuales se saborean los barriles de miel que hasta ellos llega cuando tú los dejas oir.

Sonríe… lo haces muy bien. Al hacerlo logras conquistar al mundo. Porqué ¿quién puede resistirse a tu hermosa, graciosa y dulce sonrisa?

Sonríe… lo haces muy bien. Es tu carta de presentación. Sonríe… lo haces muy bien. Ella nos deja ver al niño travieso que llevas por dentro.

Sonríe… lo haces muy bien. Dios se ha placido en regalártela por lo tanto es tuya y debes reciprocar el gesto a aquellos que a tu alrededor están.

Sonríe… lo haces muy bien. Esta te conduce a ser amigo, amado, estimado, apreciado, valorizado, esperado, invitado, distinguido, recordado. Y a disfrutar de los agradables, gustosos, placenteros, ricos, abundantes y plácidos instantes que te regala la vida.

Sonríe… lo haces muy bien. Es el paso de agradecimiento a tu Creador por dejarte vivir hoy, por que el ayer ya pasó.

Sonríe… lo haces muy bien. Es el peldaño que te sube por los tramos del deseo de vivir, de gozar, de soñar, de volver a sonreir. Es tu derecho ante la vida… tu obligación al mundo y ante ti mismo.

Y lo haces muy bien…
Y los que te rodean lo necesitan también.

Annie Ortiz

La Maestra Virtudes


Había una vez una escuela en medio de las montañas. Los chicos que iban a aquel lugar a estudiar, llegaban a caballo, en burro, en mula y en patas.

Como suele suceder en estas escuelitas perdidas, el lugar tenía una sola maestra- una solita, que amasaba el pan, trabajaba una quintita, hacía sonar la campana y también hacía la limpieza.

Me olvidaba: la maestra de aquella escuela se llamaba Virtudes Choique. Era una morocha más linda que el 25 de Mayo. Y me olvidaba de otra cosa: Virtudes Choique ordeñaba cuatro cabras, y encima era una maestra llena de inventos, cuentos y expediciones. (Como ven, hay maestras y maestras).

Esta del cuento, vivía en la escuela. Al final de la hilera de bancos, tenía un catre y una cocinita. Allí vivía, cantaba con la guitarra, y allí sabía golpear la caja y el bombo.

Y ahora viene la parte de los chicos. Los chicos no se perdían un solo día de clase. Principalmente, porque la señorita Virtudes tenía tiempo para ellos. Además, sabía hacer mimos, y de vez en cuando jugaba al fútbol con ellos. En último lugar estaba el mate cocido de leche de cabra, que Virtudes servía cada mañana.

La cuestión es que un día Apolinario Sosa volvió al rancho y dijo a sus padres:
– ¡Miren, miren … ! ¡Miren lo que me ha puesto la maestra en el cuaderno!
El padre y la madre miraron, y vieron una letras coloradas. Como no sabían leer, pidieron al hijo que les dijera- entonces Apolinario leyó:
– “Señores padres: les informo que su hijo Apolinario es el mejor alumno”.
Los padres de Apolinario abrazaron al hijo, porque si la maestra había escrito aquello, ellos se sentían bendecidos por Dios.

Sin embargo, al día siguiente, otra chica llevó a su casa algo parecido. Esta chica se llamaba Juanita Chuspas, y voló con su mula al rancho para mostrar lo que había escrito la maestra:
– “Señores padres: les informo que su hija Juanita es la mejor alumna”.

Y acá no iba a terminar la cosa. Al otro día Melchorcito Guare llegó a su rancho chillando como loco de alegría:
– ¡Mire mamita,… ! ¡Mire, Tata… ! La maestra me ha puesto una felicitación de color colorado, acá. Vean: “Señores padres: les informo que su hijo Melchor es el mejor alumno”. Así a los cincuenta y seis alumnos de la escuela llevaron a sus ranchos una nota que aseguraba: “Su hijo es el mejor alumno”.

Y así hubiera quedado todo, si el hijo del boticario no hubiera llevado su felicitación. Porque, les cuento: el boticario, don Pantaleón Minoguye, apenas se enteró de que su hijo era el mejor alumno, dijo:
– Vamos a hacer una fiesta. ¡Mi hijo es el mejor de toda la región! Sí. Hay que hacer un asado con baile. El hijo de Pantaleón Minoguye ha honrado a su padre, y por eso lo voy a celebrar como Dios manda.

El boticario escribió una carta a la señorita Virtudes. La carta decía:
-“Mi estimadísima, distinguidísima y hermosísima maestra: El sábado que viene voy a dar un asado en honor de mi hijo. Usted es la primera invitada. Le pido que avise a los demás alumnos, para que vengan al asado con sus padres. Muchas gracias. Beso sus pies, Pantaleón Minoguye; boticario”.

Imagínese el revuelo que se armó. Ese día cada chico voló a su casa para avisar del convite. Y como sucede siempre entre la gente sencilla, nadie faltó a la fiesta. Bien sabe el pobre cuánto valor tiene reunirse, festejar, reírse un rato, cantar, saludarse, brindar y comer un asadito de cordero.

Por eso, ese sábado todo el mundo bajó hasta la casa del boticario, que estaba de lo más adornada. Ya estaba el asador, la pava con el mate, varias fuentes con pastelitos, y tres mesas puestas una al lado de la otra.

En seguida se armó la fiesta. Mientras la señorita Virtudes Choique cantaba una baguala, el mate iba de mano en mano, y la carne del cordero se iba dorando.

Por fin, don Pantaleón, el boticario, dio unas palmadas y pidió silencio. Todos prestaron atención. Seguramente iba a comunicar una noticia importante, ya que el convite era un festejo. Don Pantaleón tomó un banquito, lo puso en medio del patio y se subió. Después hizo ejem, ejem, y sacando un papelito leyó el siguiente discurso:
– “Señoras, señores, vecinos, niños. ¡Queridos convidados! Los he reunido a comer el asado aquí presente, para festejar una noticia que me llena de orgullo. Mi hijo mi muchachito, acaba de ser nombrado por la maestra, doña Virtudes Choique, el mejor alumno. Así es. Nada más, ni nada menos…
El hijo del boticario se acercó al padre, y le dio un vaso con vino. Entonces el boticario levantó el vaso, y continuó:
– Por eso, señoras y señores, los invito a levantar el vaso y brindar por este hijo que ha honrado a su padre, a su apellido, y a su país. He dicho”.

Contra lo esperado, nadie levantó el vaso. Nadie aplaudió. Nadie dijo ni mu. Al revés. Padres y madres empezaron a mirarse unos a otros, bastante serios. El primero en protestar fue el papá de Apolinario Sosa:
– Yo no brindo nada. Acá el único mejor es mi chico, el Apolinario.
Ahí nomás se adelantó colorado de rabia el padre de Juanita Chuspas, para retrucar:
– ¡Qué están diciendo, pues! Acá la única mejorcita de todos es la Juana, mi muchachita.

Pero ya empezaban los gritos de los demás, porque cada cual desmentía al otro diciendo que no, que el mejor alumno era su hijo. Y que se dejaran de andar diciendo mentiras. A punto de que don Sixto Pillén agarrara de las trenzas a doña Dominga Llanos, y todo se fuera para el lado del demonio, cuando pudo oírse la voz firme de la señorita Virtudes Choique.
– ¡Párense… ! ¡Cuidado con lo que están por hacer … ! ¡Esto es una fiesta!

La gente bajó las manos y se quedó quieta. Todos miraban fiero a la maestra. Por fin, uno dijo:
– Maestra: usted ha dicho mentira. Usted ha dicho a todos lo mismo.

Entonces sucedió algo notable. Virtudes Choique empezó a reírse loca de contenta. Por fin, dijo:
– Bueno. Ya veo que ni acá puedo dejar de enseñar. Escuchen bien, y abran las orejas. Pero abran también el corazón. Porque si no entienden, adiós fiesta. Yo seré la primera en marcharme.

Todos fueron tomando asiento. Entonces la señorita habló así:
– Yo no he mentido. He dicho verdad. Verdad que pocos ven, y por eso no creen. Voy a darles ejemplo de que digo verdad:
“Cuando digo que Melchor Guare es el mejor no miento. Melchorcito no sabrá las tablas de multiplicar, pero es el mejor arquero de la escuela, cuando jugamos al fútbol…
“Cuando digo que Juanita Chuspas es la mejor no miento. Porque si bien anda floja en Historia, es la más cariñosa de todas…
“Y cuando digo que Apolinario Sosa es mi mejor alumno tampoco miento. Y Dios es testigo que aunque es desprolijo, es el más dispuesto para ayudar en lo que sea…
“Tampoco miento cuando digo que aquel es el mejor en matemáticas… pero me callo si no es servicial.
“Y aquél otro, es el más prolijo. Pero me callo si le cuesta prestar algún útil a sus compañeros.
“Y aquélla otra es peleadora, pero escribe unas poesías preciosas.
“Y aquél, que es poco hábil jugando a la pelota, es mi mejor alumno en dibujo.
“Y aquélla es mi peor alumna en ortografía, ¡pero es la mejor de todos a la hora de trabajo manual!
“¿Debo seguir explicando? ¿Acaso no entendieron? Soy la maestra y debo construir el mundo con estos chicos. Pues entonces, ¿con qué levantaré la patria? ¿Con lo mejor o con lo peor?

Todos habían ido bajando la mirada. Los padres estaban más bien serios. Los hijos sonreían contentos.

Poco a poco cada cual fue buscando a su chico. Y lo miró con ojos nuevos. Porque siempre habían visto principalmente los defectos, y ahora empezaban a sospechar que cada defecto tiene una virtud que le hace contrapeso. Y que es cuestión de subrayar, estimular y premiar lo mejor. Porque con eso se construye mejor.

Cuenta la historia que el boticario rompió el largo silencio. Dijo:
– ¡A comer … ! ¡La carne ya está a punto, y el festejo hay que multiplicarlo por cincuenta y seis … !

Comieron más felices que nunca. Brindaron. Jugaron a la taba. Al truco. A la escoba de quince. Y bailaron hasta las cuatro de la tarde.

Cómo me desenamoro?


Muchas personas me preguntan el “cómo hacen para desenamorarse?”. Y eso tampoco tiene una receta única.  Ojalá la hubiera.  Un remedio eficaz que nos haga olvidar… Y cómo hacen los que están enamorados solos?

Por supuesto que el mejor remedio es el tiempo. Pero el tiempo solo no ayuda. Hay otras actividades que se pueden hacer para ayudar al “desenamoramiento”.

  • Haz una lista de los defectos de la otra persona
  • Haz una lista de las cosas malas que hizo la otra persona, mientras estuvieron juntos
  • Haz una lista de los desplantes que has sufrido en los últimos meses, hechos por la otra persona
  • Bórralo(a) de tus contactos de correo, chat, y del teléfono.
  • Trata de no ver a la persona, trata de no buscarla, de no llamarla ni enviarle mensajes de ningún tipo.
  • Evita frecuentar los sitios que la otra persona frecuenta.
  • Desecha, regala o vende las cosas que te hacen recordar a la otra persona.

Pero igual, el tiempo es quien ayuda a “desenamorarte”…

Luis Castellanos
Reflexiones Diarias

El Hombre Ecuánime


101cuentosEra un hombre querido por todos.

Vivía en un pueblo en el interior de la India, había enviudado y tenía un hijo. Poseía un caballo, y un día, al despertarse por la mañana y acudir al establo para dar de comer al animal, comprobó que se había escapado. La noticia corrió por el pueblo y vinieron a verlo los vecinos para decirle:

–¡Qué mala suerte has tenido! Para un caballo que poseías y se ha marchado.

–Sí, sí, así es; se ha marchado -dijo el hombre.

Transcurrieron unos días, y una soleada mañana, cuando el hombre salía de su casa, se encontró con que en la puerta no sólo estaba su caballo, sino que había traído otro con él. Vinieron a verlo los vecinos y le dijeron:

–¡Qué buena suerte la tuya! No sólo has recuperado tu caballo, sino que ahora tienes dos.

–Sí, sí, así es -dijo el hombre.

Al disponer de dos caballos, ahora podía salir a montar con su hijo. A menudo padre e hijo galopaban uno junto al otro. Pero he aquí que un día el hijo se cayó del caballo y se fracturó una pierna. Cuando los vecinos vinieron a ver al hombre, comentaron:

–¡Qué mala suerte, verdadera mala suerte! Si no hubiera venido ese segundo caballo, tu hijo estaría bien.

–Sí, sí, así es -dijo el hombre tranquilamente.

Pasaron un par de semanas. Estalló la guerra. Todos los jóvenes del pueblo fueron movilizados, menos el muchacho que tenía la pierna fracturada. Los vecinos vinieron a visitar al hombre, y exclamaron:

–¡Qué buena suerte la tuya! Tu hijo se ha librado de la guerra.

–Sí, sí, así es -repuso serenamente el hombre ecuánime.

*El Maestro dice: Para el que sabe ver el curso de la existencia fenoménica, no hay mayor bien que la firmeza de la mente y de ánimo.

Tomado de “Cuentos Clásicos de la India” recopilados por Ramiro Calle

Confianza en Dios


Una señora muy pobre telefoneó para un programa cristiano de radio pidiendo ayuda, pues no tenía nada que comer.

Un brujo del mal que por casualidad oía el programa consiguió su dirección, llamó a sus secretarios y ordenó que compraran alimentos y los llevaran hacia la mujer, con la siguiente instrucción:
Cuando ella pregunte quien mandó estos alimentos, respondan que fue el DIABLO.

Cuando llegaron a la casa, la mujer los recibió con alegría y fue inmediatamente guardando los alimentos que le llevaron los secretarios del brujo. Al ver que ella no preguntaba nada, ellos le preguntaron: ¿Señora no quiere saber quién le envió estas cosas? La mujer, en la simplicidad de la fe, respondió:
– No, hijito… No es preciso.

Cuando Dios manda, hasta el diablo obedece!

Hagamos planes


Preparémonos para el dolor y perseveremos a través de él, mientras enfocamos el éxito.

A menudo, nos enfrentamos con situaciones o circunstancias que parecen más allá de nuestro control; sin embargo, la verdad es que tenemos la respuesta pero el temor al dolor nos hace retenerla. Por consiguiente, hagamos planes y preparémonos para enfrentar el dolor y avanzar.

Descubriremos la agonía de saber qué decisión tomar y no hacerlo… es lo más doloroso de todo.

Si estamos deprimidos, hagamos planes para levantarnos con nuestra canción favorita, conversar con gente que sabe animar, estar con amigos positivos y, por sobre todo, buscar el gozo.

Si queremos terminar una relación, hagamos planes con nuestra familia y amigos para que estén disponibles cuanto tengamos nuestros momentos.

Si queremos gastar menos, hagamos un voto con quienes están a nuestro alrededor para que estén al tanto nuestro. Haga que sus socios para rendimiento de cuentas nos pregunten cada vez que hagamos una compra.

Si planeamos para el dolor, podemos sobrellevarlo. Sólo cuando las situaciones nos sorprenden es que tendemos a tropezar.

C. Renee Phillips, 2005

Vía Renuevo de Plenitud

Siempre me falta algo


Siempre siento que me falta algo.

Y creo que siempre debe ser así.

Me gradué en la Universidad. Pero ahora quiero otra carrera. Hice un Postgrado. Ahora quiero otro.

Me compré un carro. Ahora quiero otro más grande.

Me compré una casa. Ahora quiero una con más habitaciones.

Y creo que es parte de lo que nos hace crecer cada día. Es no conformarnos con lo que tenemos. Es buscar más. Y es lo que diferencia al hombre mediocre del que no lo es.

No nos conformemos con nuestras vidas. Busquemos como seguir subiendo. A veces escucho la frase, lapidaria en muchos casos, de “es que Dios así lo quiso”. Es una manera elegante de decir: “me conformo con lo que tengo”.

Y ese “siempre nos falta algo” nos ayudará en nuestra búsqueda de la excelencia y de alcanzar niveles cada día más altos.

Y a ti: ¿te falta algo?

Luis Castellanos
Reflexiones Diarias

Feliz Día de las Madres


Pues les deseo muchas felicidades a las Madres en su día!!!

Al niño que duerme entre nubes


¡Qué difícil tarea tienen los nuevos padres! A nosotros nos cuidaron para que no nos picara un alacrán, nos mordiera un perro o en el peor de los casos para que no nos abriéramos la cabeza en la bici o “avalancha”, que por cierto dejaron fabricar, pues creo ha sido el juguete más peligroso de todos los tiempos, pero también muy divertido, ¿verdad? Los nuevos padres ante el abandono en que dejan a sus niños por la necesidad que tienen ambos cónyuges de trabajar, ahora tienen que proteger a sus hijos de la tele, de niñeras abusivas, videojuegos sanguinarios, secuestradores, vendedores de droga y tristemente sabemos que hasta de malos sacerdotes. Lee el resto de esta entrada

Sólo falta una


Jamás olvidaré el día en que mamá me obligó a ir a una fiesta de cumpleaños, cuando estaba en tercer grado.

Una tarde llegué a casa con una invitación algo manchada de jalea.

“No pienso ir”, dije. “Es una chica nueva que se llama Ruth. Berniece y Pat no irán. Invitó a toda la clase. A los treinta y seis”.

Mamá estudió con extraña tristeza esa invitación hecha a mano. De pronto anunció: “Bueno, tú irás. Mañana iré a comprar el regalo”.

Yo no podía creerlo. ¡Mamá nunca me había obligado a ir a una fiesta! Eso me mataría, sin duda. Pero no hubo ataque de histeria que la hiciera cambiar de opinión.

Llegó el sábado; mamá me sacó de la cama para que envolviera el regalo: un bonito juego de peine, espejo y cepillo de color rosa perlado, que había comprado por menos de tres dólares. Luego me llevó en su viejo automóvil amarillo.

Ruth abrió la puerta y me guió por la escalera más empinada y peligrosa que yo habÌa visto jamás. Cruzar la puerta fue un verdadero alivio; los pisos de madera relumbraban en la sala llena de sol. Los muebles eran viejos, pero estaban recubiertos por fundas níveas e impecables.

En la mesa vi la torta más grande de mi vida. Estaba decorada con nueve velas rosadas, un “Feliz Cumpleaños, Ruthie” bastante desmañado y algo que parecían pimpollos de rosa. Rodeaban la torta treinta y seis tazas llenas de chocolate casero, cada una con su nombre.

“No será tan horrible una vez que lleguen los otros”, me dije. Y pregunté a Ruth: “¿Dónde está tu mamá?”

Ella bajó la vista al suelo. “Bueno, está medio enferma”.

“Ah. ¿Y tu papá?”

“Se fue”.

Luego se hizo silencio; sólo se oían algunas toses carrasposas detrás de una puerta cerrada. Pasaron quince minutos. Luego, diez más. De pronto comprendí la horrible verdad: no vendría nadie. ¿Cómo escapar de allí?
En medio de mi autocompasión oí unos sollozos apagados. Al levantar la vista me encontré con la cara de Ruth, surcada de lágrimas. De inmediato, mi corazón de niña se llenó de simpatía hacia Ruth y de ira contra mis treinta y cinco egoístas compañeras.

Me levanté de un salto, plantando en el suelo los zapatos de charol blanco, y proclamé a todo pulmón: “¿Para qué queremos a los otros?”

La expresión sobresaltada de Ruth se convirtió en entusiasmado acuerdo.

Allí estábamos: dos niñas de ocho años con una torta de tres pisos, treinta y seis tazas de chocolate, helado, litros y litros de refresco rojo, tres docenas de artículos de cotillón, juegos a jugar, premios a ganar.

Empezamos por la torta. Como no encontrábamos ningún fósforo y Ruthie (había dejado de ser Ruth) no quería molestar a su mamá, nos limitamos a fingir que las encendíamos. Le canté el “Happy Birthday” en tanto ella pedía un deseo y apagaba de un soplido las velas imaginarias.

En un abrir y cerrar de ojos llegó el mediodía y mamá hizo sonar su bocina frente a la casa. Después de recoger todos mis recuerdos y de dar mil gracias a Ruthie, volé al auto burbujeando de alegría.

“¡Gané todos los juegos! Bueno, la verdad es que Ruthie ganó el de ponerle la cola al burro, pero dijo que la del cumpleaños no podía llevarse los premios, así que me lo cedió. Y repartimos las cosas de cotillón, la mitad para cada una. Le encantó el juego de tocador, mamá. Yo era la única.

¡La única de todo el tercer grado! y no veo la hora de decirle a los otros que se perdieron una fiesta estupenda”.

Mamá detuvo el coche junto al cordón y me abrazó con fuerza. “Estoy orgullosa de tí”, me dijo con lágrimas en los ojos.

Ese día descubrí que una sola persona puede cambiar las cosas. Yo había cambiado por completo el noveno cumpleaños de Ruthie. Y mamá había cambiado mi vida por completo.

Lee Anne Reaves
Vía Renuevo de Plenitud

Que bueno soy dando consejos!


Creo que en los últimos años me he caracterizado por saber dar buenos consejos.

Mis amigos me buscan para hacerme consultas acerca de su vida personal, y saben que con total discreción y con una gran dosis de objetividad les puedo recomendar qué hacer o no hacer. A veces me buscan por ser muy sincero y no andar por las nubes, y por decir las cosas crudamente y sin anestesia.

De hecho, me decía en días pasados una amiga, que se asombró de todos mis artículos que encontró en Google (mientras hacía una búsqueda de caricaturas de Goofy. Total que no entendí cuál es la relación de Goofy conmigo). Y cómo estuvo un buen rato leyendo los comentarios y expresaba que se conmovió con algunos, y le asombraba mi capacidad de responder.

Y quizás muchos de ustedes que me leen, también son buenos dando consejos, y sus amigos también los buscan para pedirles consejos.

El problema viene, cuando queremos consejos para nosotros mismos.

Me cuesta mucho, no tanto darme los consejos, sino cumplirlos o hacerme caso.

De hecho, me acuerdo que hace unos años atrás, cuando apenas estaba empezando con esto de bloguear, que me estaba sintiendo triste y melancólico. Le comenté a una amiga, y ella me respondió que por qué no estaba cumpliendo lo que había escrito precisamente ayer en mi página.

Es fácil decirle a los demás lo que deben hacer y cómo lo deben hacer. Es difícil, por otro lado, darme consejos yo mismo…

Luis Castellanos
Reflexiones Diarias

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