Archivos Mensuales: septiembre 2005

El Milagro


Una niñita fue a su habitación y buscó un frasco de jalea desde un escondite en
el armario de ropa. Tiró el contenido en el piso y lo contó cuidadosamente.
Incluso, tres veces. El total tenía que ser exactamente perfecto. No había posibilidad para
cometer errores aquí. Cuidadosamente, devolviendo las monedas en el frasco y cerrando su tapa, ella salió sutilmente por la puerta del fondo y caminó seis cuadras hasta la farmacia Rexall’s, donde vio el aviso grande y rojo de un jefe indio sobre la puerta.

Esperó pacientemente hasta que el farmacéutico le diera algo de atención, pero estaba demasiado ocupado en ese momento. Tess movió sus pies, haciendo ruido. Nada. Tosió con el sonido más feo que pudo hacer. Nada. Finalmente, tomó una moneda de 25 centavos del frasco y la golpeó contra el mostrador. ¡Ahí le pusieron atención!

– ¿Qué quieres? – el farmacéutico preguntó en un tono molesto de voz – Estoy
conversando con mi hermano de Chicago a quien no veía hace años. – dijo, sin esperar por una respuesta a su pregunta.

– Bueno, quiero hablar con usted sobre mi hermano. – Tess contestó en el mismo tono molesto – Él está realmente, realmente enfermo… y quiero comprarle un milagro.

– ¿Perdón?

– Su nombre es Andrew y tiene algo feo creciendo dentro de su cabeza y mi papá dijo que solo un milagro ahora lo puede salvar. Entonces, ¿cuánto cuesta un milagro?

– No vendemos milagros aquí, niñita. Lo siento, pero no te puedo ayudar. – dijo el farmacéutico, suavizando el tono un poquito.

– Oiga, tengo el dinero para pagar por él. Si no es lo suficiente, lograré el resto. Solo dígame cuanto cuesta.

El hermano del farmacéutico era un hombre muy bien vestido. Avanzó un poco, se agachó y preguntó a la niñita:

– ¿Qué clase de milagro tu hermano necesita?

– No lo sé. – contestó Tess con ojos inocentes – Solo sé que está realmente enfermo y mamá dice que necesita una operación. Pero mi papá no la puede pagar, entonces quiero usar mi dinero.

¿Cuánto tienes? – preguntó el hombre de Chicago

– Un dólar y once centavos. – Tess contestó de una forma que casi ni se le oía – Y es todo el dinero que tengo, pero puedo lograr algo más, si se necesita.

– Bueno, ¡qué coincidencia! – sonrió el hombre – Un dólar y once centavos, es el precio exacto de un milagro para los hermanitos.

Él tomó el dinero de ella en una mano y con la otra tomo su pequeña mano y dijo:

– Llévame adonde vives. Quiero ver a tu hermano y conocer a tus padres. A ver si tengo el milagro que necesitas.

El hombre bien vestido era el Dr. Carlton Armstrong, un cirujano, especializado en neurocirugía. La operación fue concluida sin cobrar nada y no demoró hasta que Andrew estuviera de nuevo en su casa en buen estado. Mamá y papá hablaban de forma feliz sobre la cadena de eventos que los llevó a la operación.

Aquella cirugía fue un verdadero milagro. Me quedo pensando… cuánto habría costado.

Tess sonrió. Ella sabía exactamente cuanto cuesta un milagro: un dólar y once centavos.

Y agréguese la fe de una niñita.

Los Hijos


Hay un período en el que los padres quedamos huérfanos de nuestros hijos; es que ellos crecen independientemente de nosotros, como árboles murmurantes y pájaros imprudentes.

Crecen sin pedir permiso a la vida, con una estridencia alegre y a veces, con alardeada arrogancia.

Pero NO crecen todos los días; crecen de repente.

Un día, se sientan cerca de ti, y con increíble naturalidad, te dicen cualquier cosa que te indica que esa criatura, hasta ayer en pañales y pasitos temblorosos e inseguros, creció. ¿Cuándo creció que no lo percibiste?…

¿Dónde quedaron las fiestas infantiles, los juegos en la arena, los cumpleaños con payasos?

Crecieron en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil.

Ahora estas ahí, en la puerta de la disco, esperando ansioso, no sólo que no crezca, sino que aparezca…

Allí están muchos padres al volante, esperando que salgan zumbando sobre patines, con sus pelos largos y sueltos.

Y allí están nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas; en las esquinas, con el uniforme de su generación y sus incómodas mochilas en la espalda.

Hay un período en que los padres vamos quedando huérfanos de hijos; ya no los buscamos en las puertas de las discotecas y los cines.

Pasó el tiempo del piano, el fútbol, el ballet, la natación…

Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas.

Algunos, deberíamos haber ido más junto a su cama, a la noche, para oír su alma respirando, conversaciones y confidencias entre las sábanas de la infancia; y cuando fueron adolescentes, a los cubrecamas de aquellas piezas cubiertas de calcomanías, posters, agendas coloridas y discos ensordecedores.

Pero, crecieron sin que agotáramos con ellos todo nuestro afecto.

Al principio nos acompañaban al campo, a la playa, a piscinas y reuniones de conocidos. Navidad y Pascuas compartidas.

Y había peleas en el auto por la ventana, los pedidos de chiclets y la música de moda.

Después llegó el tiempo en que viajar con los padres se transformó en esfuerzo y sufrimiento: no podían dejar a sus amigos y a sus primeros amores.

Y quedamos los padres exiliados de los hijos. Teníamos la soledad que siempre habíamos deseado…

Y nos llegó el momento en que sólo miramos de lejos, algunos, en silencio, y esperamos que elijan bien en la búsqueda de la felicidad y conquisten el mundo del modo menos complejo posible.

En cualquier momento nos darán nietos. El nieto es la hora del cariño ocioso y la picardía no ejercida en los propios hijos; por eso los abuelos son tan desmesurados y distribuyen tan incontrolable cariño.

Los nietos son la última oportunidad de reeditar nuestro afecto.

Por eso es necesario hacer algunas cosas adicionales, antes de que nuestros hijos crezcan.

Así es: las personas sólo aprendemos a ser hijos, después de ser padres y sólo aprendemos a ser padres, después de ser abuelos…

En fin, pareciera que sólo aprendemos a vivir, después de que la vida se nos pasó………..

Por qué la mujer no puede ser tan exigente


Un error en el Cielo


Cierta vez, le pregunté a Ramesh, uno de mis maestros de la India:

– Por qué existen personas que salen fácilmente de los problemas más complicados, mientras que otras sufren por problemas muy pequeños, muriendo ahogadas en un vaso de agua?

El simplemente sonrió y me contó esta historia…

Era un sujeto que vivió amorosamente toda su vida. Cuando murió, todo el mundo dijo que se iría al cielo. Un hombre bondadoso como él solamente podría ir al Paraíso. Ir al cielo no era tan importante para aquel hombre, pero igual el fue para allá. En esa época, el cielo todavía no había tenido un programa de calidad total.

La recepción no funcionaba muy bien. La chica que lo recibió dió una mirada rápida a las fichas que tenía sobre el mostrador, y como no vio el nombre de él en la lista, lo orientó para ir al Infierno.

En el Infierno, Ud. Sabe cómo es. Nadie exige credencial o invitación, cualquiera que llega es invitado a entrar. El sujeto entró allí y se fue quedando.

Algunos días despues, Lucifer llegó furioso a las puertas del Paraíso para pedirle explicaciones a San Pedro:

– Esto es sabotaje! Nunca imaginé que fuese capaz de una bajeza semejante. Eso que Ud. está haciendo es puro terrorismo!

Sin saber el motivo de tanta furia, San Pedro preguntó, sorprendido, de qué se trataba. Lucifer, transtornado, gritó:

– Ud. mandó a ese sujeto al Infierno y él está haciendo un verdadero desastre allí. El llegó escuchando a las personas, mirándolas a los ojos, conversando con ellas. Ahora, está todo el mundo dialogando, abrazándose, besándose. El Infierno está insoportable, parece el Paraíso!

Y entonces hizo un pedido:

– Pedro, por favor, agarre a ese sujeto y tráigalo para acá!”

Cuando Ramesh terminó de contar esta história me miró cariñosamente y dijo:

– Vive con tanto amor en el corazón, que si por error, fueses a parar el Infierno, el propio demonio te lleve de vuelta al Paraiso.

Los problemas forman parte de nuestra vida, pero no dejes que ellos te transformen en una persona amargada. Las crisis siempre sucederán y a veces no tendrás opción. Tu vida está sensacional y de repente puedes descubrir que un ser querido está enfermo; que la política económica del país cambió, y que infinitas posibilidades de preocupación aparecen.

En las crisis no puedes elegir, pero puedes elegir la manera de enfrentarlas. Y, al final cuando los problemas sean resueltos, mas que sentir orgullo por haber encontrado la solución, tendrás orgullo de ti mismo.

Paganini


ERA UNA VEZ un gran violinista llamado PAGANINI

Algunos decían que él era muy extraño. Otros, que era sobrenatural

Las notas mágicas que salían de su violín tenían un sonido diferente, por eso nadie quería perder la oportunidad de ver su espectáculo.

Una cierta noche, el palco de un auditorio repleto de admiradores estaba preparado para recibirlo. La orquestra entró y fue aplaudida. El maestro fue ovacionado. Mas cuando la figura de Paganini surgió, triunfante, el público deliró.

Paganini coloca su violín en el hombro y lo que se escucha es indescriptible. Breves y semibreves, fusas y semifusas, corcheas y semicorcheas parecen tener alas y volar con el toque de sus dedos encantados.

De repente, un sonido extraño interrumpe el solaz de la platea. Una de las cuerdas del violín de Paganini se rompió.

El maestro paró.

La orquestra paró.

El público paró.

Pero Paganini no paró. Mirando su partitura, continúa arrancando sonidos deliciosos de un violín con problemas.

El maestro y la orquesta, exaltados, vuelven a tocar. Antes de que el público se serenara,
otro sonido perturbador derrumba la atención de los asistentes.
Otra cuerda del violín de Paganini se rompe.

El maestro paró nuevamente.

La orquesta paró nuevamente

Paganini no paró. Como si nada hubiese sucedido, él olvidó las dificuldades y
avanzó sacando sonidos de lo imposible.

El maestro y la orquesta, impresionados volvieron a tocar.

Pero el público no podría imaginar lo que estaba por suceder. Todas las personas, atónitas, exclamaron OHHH!

Una tercera cuerda del violín de Paganini se rompe.

El maestro se paralizó.

La orquesta paró.

La respiración del público se detuvo.

Pero Paganini continuó. Como si fuese un contorsionista musical, arranca todos los sonidos de la única cuerda que sobrara de su violín destruido.

Ninguna nota musical fue olvidada.

El maestro se anima.

La orquesta se motiva.

El público parte del silencio para la euforia, de la inercia para el delirio.

Paganini alcanza la gloria.

Su nombre corre a través del tiempo.

No es apenas un violinista genial. Es el símbolo del profesional que continúa adelante frente a lo imposible.

Moraleja de la Historia:

Yo no se el tipo de problemas que estás teniendo. Puede ser un problema personal, conyugal, familiar, no se lo que está afectando tu estima o tu desempeño profesional

Pero una cosa si se. No todo está perdido. Todavía existe una cuerda y es tocando con ella que ejercerás tu talento. Tocando con ella es que vibrarás.

Aprende a aceptar que la vida siempre te dejará una última cuerda. Cuando estés desanimado, nunca desistas. Aún existirá la cuerda de la persistencia inteligente, del
“intentar una vez más”, del dar un paso más con un enfoque nuevo. Despierta el Paganini que existe dentro de ti y avanza para vencer. Victoria es el arte de continuar, donde los otros resuelven parar.

Cuando todo parece desmoronarse, bríndate una oportunidad y continúa hacia adelante.

Toca la cuerda de la motivación y arráncale sonidos de resultados positivos.

Pero antes pregúntate: ¿Quién motiva al motivador? Esto es: ¿Quién motiva tu cerebro,
que motiva tu mano, que toca tu violín? No te frustres, no te desesperes, recuerda: aún existe la última cuerda. La cuerda del aprender de nuevo para deslumbrar y generar soluciones.

Nunca la vida te romperá todas las cuerdas. Si los resultados están mal, es tu oportunidad de tocar la última cuerda, la de la imaginación que reinventa el futuro con innovación continua. Es siempre la cuerda olvidada que te dará el mayor resultado. Pero, si por acaso, estuvieras en el fondo del pozo, esta es tu oportunidad de tocar con la mejor cuerda del universo: Creer en tí

Tócame


Si soy tu bebé,
Por favor, TOCAME

Necesito de tu caricia de una manera que tal vez nunca sepas.

Tu cariño transmite seguridad y amor.

Si soy tu niño,
Por favor, TOCAME.

Aunque yo me resista. Insistí, demostrando un modo de atender mis necesidades.

Si soy tu adolescente,
Por favor, TOCAME.
No pienses que por estar crecido, no necesito
de tus abrazos cariñosos, de una voz tierna.
Cuando la vida se hace difícil, el niño que hay en mí te vuelve a necesitar.

Si soy tu amigo,
Por favor, TOCAME

Nada como un abrazo afectuoso para saber que yo te importo.
Un gesto de cariño cuando estoy deprimido me garantiza que soy querido, y me reafirma que no estoy solo. Tu gesto de consuelo tal vez sea lo único que yo consiga.

Si soy tu pareja,
Por favor, TOCAME.

Tal vez pienses que tu pasión basta, pero son tus brazos los que detienen mis temores.
Necesito de tu toque tierno, para recordar
que soy amado apenas porque yo soy yo.

Si soy tu hijo adulto,
Por favor, TOCAME.

Aunque tenga mi propia familia para abrazar,
todavía necesito tus brazos cuando me lastimo.

Si soy tu padre, ya mayor,
Por favor, TOCAME.

Del mismo modo que me tocaban cuando yo era pequeño
y da calor a mi cuerpo cansado con tu proximidad.
Mi piel, ahora marcada, necesita ser acariciada.

NO TENGAS MIEDO, APENAS TOCAME….

A %d blogueros les gusta esto: