Archivos Mensuales: marzo 2007

Una Historia de Amor


John Blanchard entró a una biblioteca en Florida, tomo un libro de un estante y se sintió intrigado, no por el contenido del libro, sino por las notas escritas a lápiz en el margen. La suave letra reflejaba un alma pensativa y una mente lucida. En la primera pagina del libro descubrió el nombre de la antigua propietaria del libro, Miss Hollis Maynell. Invirtiendo tiempo y esfuerzo, consiguió su dirección. Ella vivía en la ciudad de Nueva York. Le escribió una carta presentándose e invitándola a cartearse.
Al día siguiente, sin embargo, fue embarcado a ultramar para servir en la Segunda Guerra Mundial. Durante el año y el mes que siguieron, ambos llegaron a conocerse a través de su correspondencia. Cada carta era una semilla que caía en un corazón fértil; un romance comenzaba a nacer. Blanchard le pidió una fotografía, pero ella se rehuso. Ella pensaba que si el realmente estaba interesado en ella, su apariencia no debía importar. Cuando finalmente llego el día en que el debía regresar de Europa, ambos fijaron su primera cita a las siete de la noche, en la estación de trenes de Nueva York.
Ella escribió: Me reconocerás por la rosa roja que llevare puesta en la solapa. El escribió: Llevare el libro en mis manos. Así que a las siete en punto, el estaba en la estación, buscando a la chica cuyo corazón amaba, pero cuya cara desconocía.
De pronto, una joven se dirigía a John, su figura era larga y delgada, su cabello rubio caía hacia atrás en rizos, sus ojos eran tan azules como flores, sus labios y su barbilla tenían una firmeza amable y, enfundada en su traje verde claro, era como la primavera encarnada.
Comenzó a caminar hacia ella, olvidando por completo que debía buscar una rosa roja en su solapa. Al acercarse, una pequeña y provocativa sonrisa curvo sus labios. ¿Vas en esa dirección, marinero?, le dijo. Casi incontrolablemente, John dio un paso para seguirla y en ese momento vio a Hollis Maynell. Estaba parada casi detrás de la chica. Era una mujer de mas de cuarenta años, con cabello entrecano que asomaba bajo un sombrero gastado. Era bastante llenita y sus pies, anchos como sus tobillos, lucían unos zapatos de tacón bajo.
La chica del traje verde se alejaba rápidamente. Se sintió como partido en dos, tan vivo era su deseo de seguirla y, sin embargo, tan profundo era su anhelo por conocer a la mujer cuyo espíritu le había acompañando tan sinceramente y que se confundía con el de el.
Y ahí estaba ella. Su faz pálida y regordeta era dulce e inteligente y sus ojos grises tenían un destello cálido y amable. No dudo mas. Sus dedos afianzaron la gastada cubierta de piel azul del pequeño volumen que haría que ella lo identificara. Esto no seria amor, pero seria algo precioso, algo quizá aun mejor que el amor: una amistad por la cual yo estaba y debía estar siempre agradecido, penso John. Se cuadro, saludo y le extendió el libro a la mujer, a pesar de que sentía que, al hablar, le ahogaba la amargura de su desencanto. Soy John Blanchard, y usted debe ser Hollis. Estoy muy contento de que pudiera usted acudir a nuestra cita. ¿Puedo invitarla a cenar? La cara de la mujer se ensancho con una sonrisa tolerante. No se de que se trata todo esto, muchacho, respondió, pero la señorita del traje verde que acaba de pasar me suplico que pusiera esta rosa en la solapa de mi abrigo. Y me pidió que, si usted me invitaba a cenar, por favor le dijera que ella lo esta esperando en el restaurante que esta cruzando la calle. Dijo que era algo así como una prueba.
Reflexión: No es difícil entender y admirar la sabiduría de Miss Maynell. La verdadera naturaleza del corazón se descubre en su respuesta a lo que no es atractivo. No nos dejemos guiar únicamente por las apariencias. Dime a quien amas y te diré quien eres.

El Cielo y el Infierno


 Un hombre habló con el Señor acerca del cielo y el infierno.

El Señor le dijo a ese hombre: “Ven, te mostraré el infierno”.

Entraron en una habitación en donde un grupo de personas se encontraba sentado alrededor de una enorme olla de guisado. Todos estaban desesperados y muertos de hambre. Cada persona sostenía una cuchara que tocaba la olla, pero cada cuchara tenía un mango mucho más largo que su propio brazo, de tal manera que no podía utilizarse para llevar el guisado a sus bocas. El sufrimiento era terrible.

“Ven, ahora te mostraré el cielo”, dijo el Señor, después de un tiempo.

Entraron en otra habitación, idéntica a la primera (la olla de guisado, el grupo de personas, las mismas cucharas con mango largo). Sin embargo, allí todos estaban felices y bien alimentados.

“No comprendo”, dijo el hombre. “¿Porque están felices aquí, si en la otra habitación se sienten miserables y todo es igual?”

El Señor sonrió. “Ah, es sencillo”, respondió. “Aquí aprendieron a alimentarse mutuamente”.

[Es decir, mientras que en el infierno cada uno quiere comer con su cuchara y no es capaz de compartir con los demás, en el cielo cada uno piensa primero en el hermano y con su propia cuchara lo alimenta]. ¿Alimentas tú a tus semejantes? No desde el punto de vista del alimento físico, sino en el sentido amplio de compartir con los demás (tu tiempo, tus posesiones, etc.).

La Maestra


 Su nombre era Mrs. Thompson. Mientras estuvo al frente de su clase de 5º grado, el primer día de clase lo iniciaba diciendo a los niños una mentira.Como la mayor parte de los profesores, ella miraba a sus alumnos les decía que a todos los quería por igual. Pero eso no era posible, porque ahí en la primera fila, desparramado sobre su asiento, estaba un niño llamado: Teddy Stoddard.
Mrs. Thompson había observado a Teddy desde el año anterior y había notado que él no jugaba muy bien con otros niños, su ropa estaba muy descuidada y constantemente necesitaba darse un buen baño.Teddy comenzaba a ser un tanto desagradable. Llegó el momento en que Mrs. Thompson disfrutaba al marcar los trabajos de Teddy con un plumón rojo haciendo una gran X y colocando un cero muy llamativo en la parte superior de sus tareas.
En la escuela donde Mrs. Thompson enseñaba, le era requerido revisar el historial de cada niño, ella dejó el expediente de Teddy para el final.Cuando ella revisó su expediente, se llevó una gran sorpresa. La Profesora de primer grado escribió: “Teddy es un niño muy brillante con una sonrisa sin igual. Hace su trabajo de una manera limpia y tiene muy buenos modales… es un placer tenerlo cerca”.
Su profesora de segundo grado escribió: “Teddy es un excelente estudiante, se lleva muy bien con sus compañeros, pero se nota preocupado porque su madre tiene una enfermedad incurable y el ambiente en su casa debe ser muy difícil”.La profesora de tercer grado escribió: “Su madre ha muerto, ha sido muy duro para él. El trata de hacer su mejor esfuerzo, pero su padre no muestra mucho interés y el ambiente en su casa le afectará pronto si no se toman ciertas medidas”.
Su profesora de cuarto grado escribió: “Teddy se encuentra atrasado con respecto a sus compañeros y no muestra mucho interés en la escuela.No tiene muchos amigos y en ocasiones duerme en clase”.Ahora Mrs. Thompson se había dado cuenta del problema y estaba apenada con ella misma. Ella comenzó a sentirse peor cuando sus alumnos les llevaron sus regalos de Navidad, envueltos con preciosos moños y papel brillante, excepto Teddy. Su regalo estaba mal envuelto con un papel amarillento que él había tomado de una bolsa de papel.
A Mrs. Thompson le dio pánico abrir ese regalo en medio de los otros presentes. Algunos niños comenzaron a reír cuando ella encontró un viejo brazalete y un frasco de perfume con solo un cuarto de su contenido.Ella detuvo las burlas de los niños al exclamar lo precioso que era el brazalete mientras se lo probaba y se colocaba un poco del perfume en su muñeca.Teddy Stoddard se quedó ese día al final de la clase el tiempo suficiente para decir:
“Mrs. Thompson, el día de hoy usted huele como solía oler mi mamá”.Después de que el niño se fue ella lloró por lo menos una hora..Desde ese día, ella dejó de enseñarles a los niños aritmética, a leer y a escribir.En lugar de eso, comenzó a educar a los niños. Mrs. Thompson puso atención especial en Teddy.
Conforme comenzó a trabajar con él, su cerebro comenzó a revivir. Mientras más lo apoyaba, él respondía más rápido.Para el final del ciclo escolar, Teddy se había convertido en uno de los niños más aplicados de la clase y a pesar de su mentira de que quería a todos sus alumnos por igual, Teddy se convirtió en uno de los consentidos de la maestra.
Un año después, ella encontró una nota debajo de su puerta, era de Teddy, diciéndole que ella había sido la mejor maestra que había tenido en toda su vida. Seis años después por las mismas fechas, recibió otra nota de Teddy, ahora escribía diciéndole que había terminado la preparatoria siendo el tercero de su clase y ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida.
Cuatro años después, recibió otra carta que decía que a pesar de que en ocasiones las cosas fueron muy duras, se mantuvo en la escuela y pronto se graduaría con los más altos honores. Él le reiteró a Mrs. Thompson que seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida y su favorita.
Cuatro años después recibió otra carta. En esta ocasión le explicaba que después de que concluyó su carrera, decidió viajar un poco. La carta le explicaba que ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido y su favorita, pero ahora su nombre se había alargado un poco, la carta estaba firmada por Theodore F. Stoddard, MD.La historia no termina aquí, existe una carta más que leer, Teddy ahora decía que había conocido a una chica con la cual iba a casarse.
Explicaba que su padre había muerto hacía un par de años y le preguntaba a Mrs. Thompson si le gustaría ocupar en su boda el lugar que usualmente es reservado para la madre del novio, por supuesto Mrs. Thompson acepto y adivinen…Ella llega usando el viejo brazalete y se aseguró de usar el perfume que Teddy recordaba que usó su madre la última Navidad que pasaron juntos. Se dieron un gran abrazo y el Dr. Stoddard le susurró al oído, “Gracias Mrs.Thompson por creer en mí. Muchas gracias por hacerme sentir importante y mostrarme que yo puedo hacer la diferencia”.
Mrs. Thompson con lágrimas en los ojos, tomó aire y dijo, “Teddy, te equivocas, tú fuiste el que me enseñó a mí que yo puedo hacer la diferencia.”No sabía cómo educar hasta que te conocí”.

Los niños hacen lo que ven


Los niños hacen lo que ven.  Tengamos cuidado y seamos unos buenos ejemplos para que nos puedan copiar…

Se venden cachorros


 Un tendero estaba clavando sobre la puerta de su tienda un letrero que decía: “Se venden cachorros” Letreros como ese tiene una atracción especial para los niños pequeños y efectivamente, un niño apareció bajo el letrero del tendero. ¿Cuánto cuestan los cachorros? preguntó. Entre $30 y 50 dólares respondió el tendero. El niño metió la mano en su bolsillo y sacó un poco de cambio, tengo $2.37 dólares dijo ¿ puedo verlos, por favor? El tendero sonrió y silbó, y de la caseta de los perros salió “Dama”, que corrió por él pasillo de la tienda seguida de cinco pequeñitas, diminutas bolas de pelo. Un cachorro se estaba demorando considerablemente. El niño inmediatamente distinguió al cachorro rezagado… ¡era cojo!. ¿Qué le pasa a ese perrito? preguntó El tendero le explicó que el veterinario había examinado al cachorro y había descubierto que le faltaba una cavidad de la cadera y que cojearía por siempre. Estaría lisiado toda su vida. El niño se entusiasmo. Ese es el cachorro que quiero comprar dijo. NO, tu no quieres comprar ese perrito. Si realmente lo quieres, te lo voy a regalar dijo el tendero. El niño se enfadó mucho. Miro al tendero directo a los ojos, y moviendo el dedo replicó: No quiero que me lo regale. Ese perrito vale exactamente tanto como los otros perros y voy a pagar su precio completo. De hecho, ahorita le voy a dar $2.37 dólares y luego 50 centavos al mes hasta terminar de pagarlo. El tendero replicó: Realmente no quieres comprar este perrito. Nunca va a poder correr, brincar ni jugar contigo como los otros cachorritos. Al oír esto, el niño se agachó y se enrolló la pierna del pantalón para mostrar una pierna izquierda gravemente torcida, lisiada, sostenida por un gran aparato ortopédico de metal. Miró al tendero y suavemente le respondió. “Bueno, pues yo tampoco corro tan bien que digamos, y el cachorrito va a necesitar a alguien que lo entienda.”

Piensa: ¿Habrá veces que pienso como el tendero? Recuerda que hay que “ser” como niños.

Seamos como los animales


 Muchos hijos desearían que sus padres fueran animales…

Lecciones Gerenciales


LECCIÓN 1

 Un cuervo estaba sentado en un árbol, sin hacer nada en todo el día. Un conejito vio al cuervo y le preguntó: “¿Podría yo tambien sentarme, sin hacer nada, todo el día?”
El cuervo respondió: “Claro. ¿Por qué no?
El conejito se tumbó a la sombra del árbol y se puso a descansar.
De repente apareció un Zorro…
Saltó sobre el conejo y se lo comió.

Moraleja….
Para poder estar sentado sin hacer nada…debes estar sentado muy, muy alto

LECCIÓN 2

 Un pavo estaba hablando con un buey.
“Me encantaría ser capaz de subir a lo alto de aquel árbol“, dijo el pavo, “pero no tengo la energía suficiente.”
“¿Por qué no comes alguno de mis excrementos?” contestó el buey. “Son muy ricos en nutrientes.”
El pavo le hizo caso y comprobó que realmente le aportaba la suficiente energía para alcanzar la primera rama del árbol.
Al día siguiente, después de una nueva ración, alcanzó la siguiente rama.
Pasado un tiempo, el pavo logró subir hasta lo más alto.
Rápidamente fue localizado por un granjero
El granjero disparó al pavo y éste cayó del árbol.

Moraleja…
Comer mierda te puede llevar a lo más alto…pero no te garantiza quedarte allí

LECCIÓN 3

 Un pajarillo volaba hacia el Sur durante el invierno. Hacía tanto frío que el pajarillo se congeló y cayó al suelo. Mientras yacía en el suelo, una vaca se acercó… y se cagó encima del pajarillo.
“Arropado” por la boñiga de vaca, el pajarillo comenzó a sentirse calentito. De hecho, la mierda le estaba haciendo revivir. Sintiéndose calentito y feliz, pronto se puso a cantar.
Un gato que por allí pasaba, le oyó y se acercó a investigar. Siguiendo la música, el gato descubrió al pajarillo debajo de la boñiga, lo sacó de allí y… ¡ se lo comió !

Moralejas…
1. No siempre el que “te caga encima” es tu enemigo

2. No siempre el que te “saca de la mierda” es tu amigo y, sobre todo…

3. Cuando estés “de mierda hasta las orejas”, mantén la boca cerrada

Que tengas de todo un poco


Sensibilidad: Para no pasar indiferente ante las bellezas de la vida.
Coraje: Para dejar tu timidez a un lado y poder realizar lo que tienes en mente.
Solidaridad: Para no pasar indiferente ante el sufrimiento de la humanidad.
Bondad: Para no desviar los ojos de quien te pide una ayuda.
Tranquilidad: Para cuando llegue el fin del día, puedas dormir como un ángel.
Alegría: Para que la distribuyas, colocando una sonrisa en el rostro de alguien.
Humildad: Para que reconozcas aquello que no eres.
Amor Propio: Para que puedas percibir tus cualidades y te guste lo que veas por dentro.
Fe: Para guiarte y mantenerte de pie.
Sinceridad: Para que seas verdadero, gustes de vos mismo y vivas mejor.
Felicidad: Para que la descubras dentro tuyo y la des a quien la necesite.
Amistad: Para que descubras que quien tiene un amigo, tiene un tesoro.
Esperanza: Para creer en la vida y sentirte un eterno niño.
Sabiduría: Para comprender que sólo existe el Bien.
Deseos: Para alimentar tu cuerpo, dando placer a tu espíritu.
Sueños: Para alimentar tu alma todos los días.
Amor: Para que tengas a alguien a quien amar y sentirte amado.
Para que desees tocar una estrella y sonreír por la luna.
Para que sientas que la vida es bella.
Para que descubras que existe un sol dentro tuyo.
Para que seas feliz cada amanecer y sepas que…
el Amor es la razón mas grande para vivir.

Amor en lata de leche


Dos hermanitos en puros harapos, uno de cinco años y el otro de diez, iban pidiendo un poco de comida por las casas de la calle que rodea la colina.
Estaban hambrientos: “vayan a trabajar y no molesten”, se oía detrás de la puerta; “aquí no hay nada, pordioseros…”, decía otro…Las múltiples tentativas frustradas entristecían a los niños…
Por fin, una señora muy atenta les dijo: “Voy a ver si tengo algo para ustedes…¡Pobrecitos!“ Y volvió con una lata llena de leche. ¡Que fiesta! Ambos se sentaron en la acera. El más pequeño le dijo al de diez años: “tú eres el mayor, toma primero…y lo miraba con sus dientes blancos, con la boca medio abierta, relamiéndose”.
Yo contemplaba la escena entre sorprendido y consternado… ¡Si vieran al mayor mirando de reojo al pequeñito…! Se llevaba la lata a la boca y, haciendo de cuenta que bebía, apretaba los labios fuertemente para que no le entrara ni una gota de leche. Después, extendiéndole la lata, decía al hermano:”Ahora es tu turno. Sólo un poquito.”
Y el hermanito, dando un trago exclamaba: “¡Está sabrosa!” “Ahora yo”, decía el mayor. Y llevándose a la boca la lata, ya medio vacía, no bebía nada. “Ahora tú”, “Ahora yo”, “Ahora tú”, “Ahora yo”… Y, después de tres, cuatro, cinco o seis tragos, el menorcito, de cabello ondulado, barrigoncito, con la camisa afuera, se tomó toda la leche… él solito. Esos “ahora tú”, “ahora yo” me llenaron los ojos de lágrimas…
Y entonces, sucedió algo que me pareció aún mas extraordinario. El mayor comenzó a cantar, a danzar, a jugar fútbol con la lata vacía de leche. Estaba radiante, con el estómago vacío, pero con el corazón rebosante de alegría. Brincaba con la naturalidad de quien no hace nada extraordinario, o aún mejor, con la naturalidad de quien está habituado a hacer cosas extraordinarias sin darles la mayor importancia.
De aquél muchacho podemos aprender una gran lección: “Quien da es más feliz que quien recibe.”Es así como debemos amar. Sacrificándonos con tanta naturalidad, con tal elegancia, con tal discreción, que los demás ni siquiera puedan agradecernos el servicio que les prestamos. “¿Como podrías hoy encontrar un poco de esta “felicidad” , sino haciendo que la vida de alguien sea mejor”? ¡Pues adelante, levántate y haz lo que sea necesario!

La Zorra y el Leñador


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Una zorra estaba siendo perseguida por unos cazadores cuando llegó al sitio de un leñador y le suplicó que la escondiera. El hombre le aconsejó que ingresara a su cabaña.

Casi de inmediato llegaron los cazadores, y le preguntaron al leñador si había visto a la zorra.

El leñador, con la voz les dijo que no, pero con su mano disimuladamente señalaba la cabaña donde se había escondido.

Los cazadores no comprendieron las señas de la mano y se confiaron únicamente en lo dicho con la palabra.

La zorra al verlos marcharse, salió sin decir nada.

Le reprochó el leñador por qué a pesar de haberla salvado, no le daba las gracias, a lo que la zorra respondió: “Te hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca hubieran dicho lo mismo”.

Moraleja: No niegues con tus actos lo que pregonas con tus palabras.

Fábula de Esopo

¿Ver para creer?


Estaban un astronauta y un neurocirujano muy reconocido, discutiendo sobre la existencia de Dios.

El astronauta dijo:

– Tengo una convicción, no creo en Dios. He ido al espacio varias veces y nunca he visto ni siquiera un ángel.

El neurocirujano se sorprendió, pero disimuló. Luego de pensar unos instantes, comentó:

– Bueno, he operado muchos cerebros y nunca he visto un pensamiento.

El Arbol de los Problemas


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Un carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se dañó y le hizo perder una hora de trabajo y después su antiguo camión se negó a arrancar.

Mientras lo llevaba a casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta,se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.

Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dió un beso a su esposa. Posteriormente me acompañó hasta el coche.

Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo que lo había visto hacer un rato antes.

– “Oh, ese es mi árbol de problemas”, contestó. “Sé que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego en la mañana los recojo otra vez”.

– ”Lo divertido es”, dijo sonriendo, “que cuando salgo en la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior”.

El Mejor Regalo


Había una vez un Rey sabio y amado, que se interesaba mucho por su pueblo y sólo deseaba lo mejor para él. La gente sabía que el Rey tenía interés personal en sus asuntos y trataba de comprender cómo sus decisiones, las del Rey, los afectaba. Periódicamente el monarca se disfrazaba y recorría las calles con la intención de ver la vida desde la perspectiva de ellos.

Un día se disfrazó de aldeano pobre y visitó los baños públicos. Allí se encontraban muchas personas que disfrutaban del compañerismo y de la relajación. En una caldera del sótano calentaban el agua para los baños y un hombre era el responsable de mantenerla a una temperatura agradable. El Rey se dirigió al sótano para visitar a la persona que incansablemente vigilaba el fuego.

Ambos compartieron una comida y el Rey ofreció su amistad a este hombre solitario. Día tras día, semana tras semana, el Rey visitó al encargado de vigilar el fuego. El hombre del sótano simpatizó de inmediato con el extraño visitante, porque bajaba al sótano donde él estaba.. Nadie más habìa demostrado tanto interés o preocupación por él.

Un día, el Rey reveló su verdadera identidad a su amigo. Fue una jugada arriesgada, puesto que temía que el hombre le pidiera favores especiales o algún regalo. En cambio, el nuevo amigo del Rey lo miró a los ojos y dijo:

– “Dejaste tu palacio cómodo para visitarme en este sótano caliente y sucio. Comiste mi comida escasa y demostraste interés genuino en lo que me sucede. Quizás a otras personas les has dado regalos costosos, pero a mi me diste el mejor regalo de todos. Me diste el regalo de tu persona.”

Tomado del libro “Y ¿de quién es la culpa?” (Ed Intermedio).

Creciendo cada Día


Imposible atravesar la vida …Sin que un trabajo salga mal hecho,

Sin que una amistad cause decepción,

Sin padecer algún quebranto de salud,

Sin que nadie de la familia fallezca,

Sin que un amor nos abandone…

Sin equivocarse en un negocio.

Ese es el costo de vivir.

Sin embargo…Lo importante no es lo que Suceda, sino como reaccionamos ante la situaciòn.

Si te pones a coleccionar heridas eternamente sangrantes, vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar.

Uno crece cuando no hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fè.

Uno crece al aceptar la realidad y al tener el aplomo de vivirla.

Crece cuando acepta su destino, y tiene voluntad de trabajar para cambiarlo.

Uno crece asimilando y aprendiendo de lo que deja detrás…

Construyendo y proyectando lo que tiene por delante.

Crece cuando se supera, se valora, y da frutos.

Cuando abre camino dejando huellas,

Asimilando experiencias…

¡Y siembra raíces!

Uno crece cuando se impone metas,

Sin importarle comentarios negativos, ni prejuicios,

Cuando da ejemplos sin importarle burlas, ni desdenes…

Cuando se es fuerte por carácter, sostenido por formación,

Sensible por temperamento… ¡Y humano por nacimiento!..

Cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas,

Recoge flores aunque tengan espinas

Y marca camino aunque se Levante el polvo.

Uno crece ayudando a sus Semejantes, conociéndose a sí mismo y dándole a la vida más de lo que recibe….

Uno crece cuando se planta para no retroceder…

cuando se defiende como águila para no dejar de volar…

Cuando se clava como ancla en el mar y se ilumina como estrella.

Entonces… Uno Crece

La Furia y la Tristeza


En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta…

En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.
Había una vez… un estanque maravilloso.

Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente…

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque. La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua…

Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró…

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza… Y así vestida de tristeza, la furia se fue. Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza.

El Puma y el Cervatillo


Un señor muy creyente sentía que estaba cerca de recibir una luz que le iluminara el camino que debía seguir. Todas las noches, al acostarse, le pedía a Dios que le enviara una señal sobre cómo tenía que vivir el resto de su vida. Así anduvo por la vida, durante dos o tres semanas en un estado semi-místico buscando recibir una señal divina.

 Hasta que un día, paseando por un bosque, vió a un cervatillo caído, tumbado, herido, que tenía una pierna medio rota.

Se quedó mirándolo y de repente vió aparecer a un puma. La situación lo dejó congelado; estaba a punto de ver cómo el puma, aprovechándose de las circunstancias, se comía al cervatillo de un sólo bocado.

Entonces se quedó mirando en silencio, temeroso también de que el puma, no satisfecho con el cervatillo, lo atacara a él. Sorpresivamente, vio al puma acercarse al cervatillo. Entonces ocurrió algo inesperado: en lugar de comérselo, el puma comenzó a lamerle las heridas.
Después se fue y volvió con unas pocas ramas humedecidas y se las acercó al cervatillo con la pata para que éste pudiera beber el agua; y después se fue y trajo un poco de hierba húmeda y se la acercó para que el cervatillo pudiera comer. Increíble.Al día siguiente, cuando el hombre volvió al lugar, vió que el cervatillo aún estaba allí, y que el puma otra vez llegaba para alimentarlo, lamerle las heridas y darle de beber.

El hombre se dijo: Esta es la señal que yo estaba buscando, es muy clara. “Dios se ocupa de proveerte de lo que necesites, lo único que no hay que hacer es ser ansioso y desesperado corriendo detrás de las cosas”.

Así que agarró su atadito, se puso en la puerta de su casa y se quedó ahí esperando que alguien le trajera de comer y de beber. Pasaron dos horas, tres, seis, un día, dos días, tres días… pero nadie le daba nada. Los que pasaban lo miraban y él ponía cara de pobrecito imitando al cervatillo herido, pero no le daban nada.

Hasta que un día pasó un señor muy sabio que había en el pueblo y el pobre hombre, que estaba muy angustiado, le dijo: – Dios me engañó, me mandó una señal equivocada para hacerme creer que las cosas eran de una manera y eran de otra. ¿Por qué me hizo ésto? Yo soy un hombre creyente… Y le contó lo que había visto en el bosque.

El sabio lo escuchó y luego dijo: – Quiero que sepas algo. Yo también soy un hombre muy creyente. Dios no manda señales en vano. Dios te mandó esa señal para que aprendieras. El hombre le preguntó: – ¿Por qué me abandonó? Entonces el sabio le respondió: – ¿Qué haces tú, que eres un puma fuerte y listo para luchar, comparándote con el cervatillo? Tu lugar es buscar algún cervatillo a quien ayudar, encontrar a alguien que no pueda valerse por sus propios medios.

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