Archivos Mensuales: febrero 2011

El tiempo es el mejor remedio


Muchas personas me escriben para preguntar cómo se hace para recuperarse de una caída (ya sea laboral, sentimental o personal). Y la respuesta a ello es la misma: el tiempo es el mejor remedio.

Debemos armarnos de paciencia, de valor, de fuerza de voluntad, y de dignidad.

Nos caemos, y con la cara bien en alto, nos volvemos a levantar.

Pero eso no se hace de un día para otro. Requiere tiempo.

Claro, en algunos casos, días. En otros, semanas. Meses o años. Depende del caso.

Importante es saber que no podemos asumir una posición de conformismo. Es decir, si nos caemos no podemos quedarnos en el piso para siempre. Nos quedamos en el piso hasta reunir fuerzas para levantarnos de nuevo.

Es la ley de la vida…

Siempre es bueno recordar la oración de los Alcohólicos Anónimos: Dios: dame fuerza para cambiar las cosas que puedo cambiar, serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, y sabiduría para diferenciar cuál es cuál.

 

Luis Castellanos
Reflexiones Diarias

Día de limpieza


Estaba necesitando hacer una limpieza en mí…

Tirar algunos pensamientos indeseados; lavar algunos tesoros que estaban medio oxidados.Entonces saqué del fondo de las gavetas, recuerdos que no uso y no quiero más. Tiré afuera algunos sueños, algunas ilusiones…

Papeles de regalo que nunca usé, sonrisas que nunca di. Tiré fuera la rabia y el rencor de las flores marchitas que estaban dentro de un libro que nunca leí.Miré mis sonrisas futuras y mis alegrías pretendidas… y las coloqué en un cajoncito, bien ordenaditas.

Quedé sin paciencia…Saqué todo de adentro del armario y lo fui tirando al suelo: pasiones escondidas; deseos reprimidos; palabras horribles que nunca hubiera  querido decir; heridas de un amigo; recuerdos de un día triste…

Pero también encontré otras cosas… y muy bellas. Me senté en el suelo, para poder escoger. Un pajarito cantando en mi ventana; aquella luna color de plata; esa puesta de sol… Me fui encantando y distrayendo, mirando cada uno de aquellos recuerdos. Arrojé directo en el tacho de la basura los restos de un amor que me hirió. Tomé las palabras de rabia y de dolor que estaban en el estante de encima, pues casi no las uso, y las tiré fuera en el mismo instante.

Otras cosas que aún me hieren, las coloqué en un cajón para después ver lo que haré con ellas, si las olvido o las envío al basurero.Encontré aquel cajoncito, aquella gaveta en la que uno guarda todo lo que es más importante: el amor, la alegría, las sonrisas, un dedito de fe para los momentos que más necesitamos. Recogí con cariño el amor encontrado; doblé ordenaditos los deseos; coloqué perfume en la esperanza; pasé un pañito en el estante de mis metas y las dejé a la vista para no olvidarlas. Coloqué en los estantes de abajo algunos recuerdos de la infancia; en la gaveta de encima, los de mi juventud, y colgado bien enfrente, puse mi capacidad de amar, y principalmente… la fuerza para RECOMENZAR.

(autor desconocido)

Un motivo para reírse…


El mundo parece más lindo cuando uno lo mira con una sonrisa en los labios:

Sonríe un poco ahora y después también, eso iluminará tu vida.

Puedes ver el lado bueno o puedes no verlo.

No camines abrumado, con pesimismo y desánimo;

Trata de que tus compañeros se alegren de que hayas nacido.

(Anónimo)

 

Vía Renuevo de Plenitud

Ser transparente


A veces, suelo preguntarme por qué es tan difícil ser transparente… creemos que ser transparente simplemente es ser sincero, no engañar a los otros. Pero ser transparente es mucho más que eso.

Es tener el valor de exponerse, de ser frágil, de gritar, de decir lo que sentimos… Ser transparente es desnudarse el alma, es dejar caer las máscaras, bajar las armas, destruir las inmensas y pesadas paredes que nosotros insistimos tanto en construir… ¡Ser transparente es permitir que florezca toda nuestra dulzura!

Pero infelizmente, casi siempre, la mayoría de nosotros decide no tomar ese riesgo. Preferimos la dureza de la razón a la luminosidad que expondría toda la fragilidad humana. Preferimos el nudo en la garganta a las lágrimas que nacen de lo más profundo de nuestro ser… Preferimos perdernos en una búsqueda loca de respuestas inmediatas a simplemente rendirnos y admitir que no sabemos, que tenemos miedo.

No importa qué doloroso es tener que construir una máscara que nos distancie cada vez más, preferimos eso para mantener una imagen que nos dé la sensación de protección… Así, vamos ahogándonos cada vez más en palabras falsas, en actitudes falsas, en sentimientos falsos…
Con el pasar de los años, un vacío frío y oscuro nos hace percibir que ya no sabemos dar ni pedir lo más precioso que tenemos para compartir… dulzura, comprensión… Sufrimos, nos sentimos solos, inmensamente tristes y lloramos calladamente antes de dormir. Los latidos gritan dentro nuestro por no tener el valor de mostrarnos a quienes más amamos.
Porque, equivocadamente, aprendimos que es mejor atacar, acusar, criticar y juzgar, que simplemente decir: “estamos hiriéndonos… paremos ¡por favor!” Porque aprendimos que decir “eso es ser débil, es ser tonto,” es ser menos que el otro. Cuando, realmente, si actuáramos con el corazón, podríamos evitar tanto dolor, tanto dolor…

Sugiero que nos permitamos explotar toda nuestra dulzura. Que consigamos no atraer el lamento, no contener la risa, no esconder tanto nuestro miedo y no querer parecer tan invencibles…
Que consigamos no intentar controlar tanto, competir tanto….
Que consigamos vivir dulcemente… sentir… AMAR…

Y que cada año sea todo corazón, mucho más sentimiento, inundado de un amor transparente, a pesar de todo el riesgo que eso significa.

 

Autor desconocido

Mi tabla de salvación


Pensé que eras mi tabla de salvación.

Sabía que alguien me ayudaría a salir a flote, y pensé que eras tu.  No tenía fuerzas para flotar yo solo. Ya mucho tiempo flotando solo había minado mis fuerzas y mi espíritu.

Traté de aferrarme a ti, y pensé que iba a salir a flote. Pero tu intención no era mantenerme a flote por mucho tiempo. Quizás por un rato, ponerme a salvo, y ya.

Quizás yo pensé que me ibas a acompañar. Pero no fue así. Me ayudaste, y seguistes tu camino. No fue tu intención acompañarme.

Ya flotando de nuevo.

Espero que algún día nuestros caminos se puedan cruzar de nuevo…

Luis Castellanos

Si alguien se te acerca


Si alguien se acerca con frío… es porque tu tienes para ofrecerle calor.
Si alguien se acerca con alegria… es porque tú tienes siempre una sonrisa para ofrecer.
Si vierte ante ti sus lágrimas…  es porque de tí espera el consuelo.
Si te ofrece sus versos…  es porque tú tienes la música.
Si te confía su sufrimiento… porque de ti espera un remedio.
Si llega con sus confidencias… porque en ti busca la escucha.
Si con hambre… es porque puedes proporcionarle alimento.
Con besos… porque tú eres la dulzura.
Si te confía sus dudas…  es porque tú le marcas el camino.
Con orquestas…  porque tú eres la fiesta.
Con desánimo…  es porque tú sabes ser un estímulo.
Con fantasía… es porque tú sabes la realidad .
Con desesperación…  porque en tí encuentra una razón válida.
Con entusiasmo… porque no duda de que vas a vibrar con sus esperanzas.
Cuando te confía un secreto… es porque tiene segura tu complicidad.
Cuando alguien se acerca a ti inquieto… es porque tú sabes infundirle serenidad.
Cuando deposita en tí  su confianza…  es porque encuentra en ti su fuerza.
Cuando te confiesa sus miedo… es porque tú eres amor!!!

Horno que no Cocina


Voltaire cierta vez describió al hombre como un horno que se está calentando, siempre calentando, pero nunca cocina nada.

Al comentar este punto de vista, Harold Blake Walter señala que muchas personas viven sin gusto, arrastrándose a través de sus trabajos sin vitalidad; en una palabra, logran una temperatura como para continuar, pero realmente sin cocinar nada jamás.

Las cosas asombrosas suceden cuando una persona realmente se enciende y comienza el proceso de cocinar. Walt Whitman dijo de sí mismo: ” Yo me estaba cociendo, realmente cociendo, pero Emerson me puso a hervir”

Qué descripción tan acertada de una personalidad, dotada pero con falta de poder, hasta que el fuego del entusiasmo lo llevó al punto del hervor. Como resultado, Whitman creó poesía inmortal.

No habrá llegado el momento de dejar de “cocernos, realmente cocernos” y comenzar a encendernos con un entusiasmo renovado vital? El calor mental y espiritual creado por el entusiasmo puede quemar los elementos de fracaso y apatía de cualquier personalidad y desatar allí mismo una central de cualidades inusuales, aun insospechadas. ” Vaya más allá de la cocción, aún del hervor, y descubrirá talentos y poderes que jamás soñó que tenía”

 

Tomado de el libro; Entusiasmo, la fuerza que hace la diferencia. Norman Vincent Peale.Peniel.

Vía Reflexiones Diarias

Carta de Amor. 3era Finalista 2010.


AMOR:

No sé si querrás leer esta carta. Supongo que sigues ofendido y que recuperar lo nuestro será más difícil que echar para atrás el cambio climático, alcanzar el Everest, sacar la cita del pasaporte … ¡o todas las anteriores! Aún así, Amor, asumo el riesgo de quemar mi último cartucho contigo, o sea, disparar esta carta en el mero centro de tu rencoroso corazón.

¿No te alegra, en el fondo, saber de mí después de tantos años?, ¡Nuestra relación es tan larga como mi memoria!. Comenzó exactamente en el tercer grado de la escuelita municipal aquella, ¿Recuerdas?. ¡Los irrepetibles años sesenta!, El movimiento Hippie, Los Beatles, la Era de Acuario y ¡por supuesto!, El Apolo 11. Te llamabas Fernandito, Amor, y estabas sentado en el pupitre de al lado. Me mirabas  con cara de “¿qué le pasa ésta loca?” cuando decía, “¡Toma Fernandito, te regalo mi merienda!, ¡Y mis legos!, ¿Quieres mis creyones?”. En un arrebato de pasión precoz casi te regalo mi Barbie Visage 1963, ¡Mi única Barbie!, ¡Eso ya era como mucho con demasiado!

Fue así, Amor, como entramos en contacto. Tu primer chiste malo conmigo fue el 20 de julio de 1969, ¡Ni que lo hubieses calculado!, El día exacto que el capitán Armstrong posó un pie en la superficie lunar… ¡Fernandito se cambió de Escuela!. Aquel fue el día que se produjo un gran paso para el hombre, un salto gigantesco para la humanidad y… ¡un soberano  barranco para mí infantil existencia!. Como era una niñita no comprendí que estaba deprimida y la verdad, eso de aprender a multiplicar “llevando” era tan complicado que la tristeza se diluyó, en progresión geométrica, con el avance de mi educación  primaria.

La segunda vez que supe de ti, Amor, había entrado de cabeza y sin fórceps a ese sudoku emocional que llaman adolescencia. -Me llamo Claudio Arquímedes-, dijo él… ¿Claudio Arquímedes?, ¡DIOS QUE NOMBRE!, ¡Homérico, epicúreo, galvánico, fisicoquímico!”, aullé.  Además, era idéntico, ¡igualito! al solista de los Bee Gees. Me enamoré ipso facto, sin cura, sin resistencia. Las rodillas me traqueteaban como un trapiche viejo en su presencia y sólo podía respirar completo, o sea, suspirar, cuando se le ocurría voltear a mirarme ¿Lo recuerdas, Amor? Enloquecí. Quería ser su novia. La cosa no estaba fácil porque después de aprender a multiplicar “llevando” se me desató la vena aritmética y sólo sacaba veinte. Es harto conocido que no hay nada peor que ser la cerebrito del salón si lo que se quiere es enamorar al bello de la película. Pero ¡qué carajo!, decidí enrollarme el pelo en papel de aluminio para parecerme a Donna Summer, La Pantera de Boston. Eso tendría que gustarle ¿no?.¡ Yo sabía, yo tenía la certeza de que Claudio se fijaría en mí y me invitaría a comer un helado! (signo inequívoco de que terminaríamos casándonos).

¿Recuerdas lo que pasó, Amor?. Descubrí que Claudio ya era novio de la Reina del Liceo quien ¡por supuesto! ni era gordita, ni sacaba veinte en matemáticas como yo. ¡Hubiese preferido otra muerte!. Durante un mes mi único alimento fueron las barajitas del álbum “Amor Es” que me comí, una a una, con pega y todo. ¡No me convertí en anoréxica porque en los años setenta esa vaina no existía!

Cuando volví en mí tenía dieciocho años y estaba haciendo la cola para inscribirme en la universidad. No esperaba que rondaras por ahí, Amor, pero…

Robertico era rural ma non tropo, ingresos superiores al promedio y con un verbo de moto sierra capaz de desquiciar a cualquiera. ¿Su hobby?, ¡Sacarme la piedra!

“Mira caraqueña… de verdad ¿Tú no sabes lo que es el ponsigué?” me decía inclemente con su sarcasmo endógeno. “¡No, no sé! ¡Y qué!” ¡Le odiaba!  De tanto odiarle, obvio, comencé a adorarle. Justo cuando me disponía a darle el beso que le convertiría de batracio en mi cónyuge… ¡zas! ¡Agarró sus maletas y se fue de mi vida por siempre jamás!

¡Ese out con las bases llenas sí me dolió, Amor! Llena de bolero, vestida de tango y como recién arrastrada por un tsunami, comencé a analizarte. Llegué a la conclusión que tú, Amor, eres cruel, agotador, malversador y mala gente. Decidí comenzar una nueva vida sin ti. ¡No más AMOR! ¡No más taquicardia, no más conjuntivitis, no más desvelos!. Te sentencié al exilio… ¡Mi vida sin ti no conocería el dolor!

Cerca de los treinta decidí que debía casarme. No me impactó, Amor, que no estuvieras involucrado, ¡Al contrario!, Escogí el novio, la casa y hasta el recetario únicamente con el cerebro, con la razón. Para hacerte el cuento corto, Amor, te diré que me divorcié y que lo único que funcionó de aquel episodio inviable fueron las recetas del libro “Mi cocina a la manera de Caracas” de Armando Scannone.

Cuando me independicé y comenzaba mi segunda República, me dediqué a buscar lo que toda cuarentona libre, solvente, sin hijos e inmune al Amor aspira: ¡encontrar un novio diez años más joven para subir la autoestima y bajar la angustia!. Diez años después, es decir hoy, lo único que me quedó de la loquetera fue un “ex” que todavía quiere que lo mantenga, una tendinitis crónica (de cuando aprendí a bailar reggaeton), una soledad del tamaño de una catedral y … ¡esta cosa rara por dentro!… ¡Este vacío!… ¡Esta urgencia de no sé qué, Amor!

¿Será que extraño la sensación de querer regalar mis juguetes a alguien sin esperar nada a cambio?. ¿Será que ya no me miro en el espejo para agradar a alguien que no sea yo misma?. ¿Será que no es tan malo ser bolero, tango y noche porque, en el fondo, hasta el peor despecho es mejor que esta insoportable, tediosa y ridícula paz?.

Yo creo que esta vez sí, Amor, las respuestas son todas las anteriores.

Por eso te ruego… ¡Vuelve a mi vida Amor!, pasa un día por la casa. Llega con el nombre que quieras… Quédate el tiempo que puedas. No vas a interrumpir nada.

Ni siquiera he tenido la valentía de asumir plenamente tu ausencia comprándome el perrito que me recomendó el terapeuta… ¡para olvidar que la vida sin ti es una soberana mierda!

¡Perdóname chico! Porque, ¿sabes? Aunque no lo creas, Amor…

¡Hace rato que yo a ti te perdoné!

 

María Angélica Taisma. Cartas de Amor

De regreso


De regreso de nuevo.

Sin mucho apuro ni preocupación.

Pero de regreso.

Sin mucho cambio en mi vida.

Pero de regreso.

Celebrando en soledad un día 14 de febrero.

Pero de regreso.

Enamorado de quien ya tiene novio, o de quien está muy lejos, o de quien no me ama.

Pero de regreso.

Aun sin mucha alegría ni luz para dar, pero al menos con un leve resplandor que se vislumbra en el fondo, que quiere salir.

Pero de regreso.

Con ganas aún de salir corriendo. Pero con ganas también de vivir.

Pero de regreso.

Caminando por la vida por inercia, buscando el norte.

Pero de regreso.

Y dándome cuenta que hay personas que se sienten peor que yo…

En fin, cada día menos peor.

 

Luis Castellanos
Reflexiones Diarias

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