Hablando de Libertad


Erase una vez un pájaro adornado, con un par de alas perfectas y plumas relucientes, coloridas y maravillosas. En fin, un animal hecho para volar libre e independiente, para alegrar a quien lo observase. Un día, una mujer lo vio y se enamoró de él. Se quedó mirando su vuelo con la boca abierta de admiración, con el corazón latiéndole más deprisa, con los ojos brillantes de emoción.

Lo invitó a volar con ella, y los dos viajaron por el cielo en completa armonía.
Ella admiraba, veneraba, adoraba al pájaro.

Pero entonces pensó: “¡Tal vez quiera conocer algunas montañas distantes!” Y la mujer tuvo miedo. Miedo de no volver a sentir nunca más aquello con otro pájaro. Y sintió envidia, envidia de la capacidad de volar del pájaro. Y se sintió sola.

Y pensó: “Voy a poner una trampa. La próxima vez que el pájaro venga, no volverá a marcharse.” El pájaro, que también estaba enamorado, volvió al día siguiente, cayó en la trampa y fue encerrado en la jaula.

Todos los días ella miraba al pájaro. Allí estaba el objeto de su pasión, y se lo enseñaba a sus amigas, que comentaban: “Eres una persona que lo tiene todo”. Sin embargo empezó a producirse una extraña transformación: como tenía al pájaro, y ya no tenía que conquistarlo, fue perdiendo el interés.

 El pájaro sin poder volar ni expresar el sentido de su vida, se fue consumiendo, perdiendo el brillo, se puso feo, y ella ya no le prestaba atención, excepto para alimentarlo y limpiar la jaula.

Un buen día, el pájaro murió. Ella se puso muy triste, y no dejaba de pensar en él. Pero no recordaba la jaula, recordaba sólo el día que lo había visto por primera vez, volando contento entre las nubes.

Si profundizase en sí misma, descubriría que aquello que la emocionaba tanto de pájaro era su libertad, la energía de las alas en movimiento, no su cuerpo físico.

Sin el pájaro, su vida también perdió sentido, y la muerte vino a llamar a su puerta.

– “¿Por qué has venido?”, le preguntó a la muerte.

– “Para que puedas volar de nuevo con él por el cielo -respondió la muerte-. Si lo hubieses dejado partir y volver siempre, lo admirarías y lo amarías todavía más; sin embargo, ahora necesitas de mí para poder encontrarlo de nuevo.”
Autor Desconocido
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Acerca de Luis Castellanos

Luego de unos años en Maracaibo, de regreso en Caracas. Docente Universitario y Bloguero. Orgulloso padre de dos hijos. luiscastellanos @ yahoo.com | @lrcastellanos

Publicado el 7 junio, 2012 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. No intentes amarrarme
    Ni dominarme
    Yo soy quien elige
    Como equivocarme
    Aprovechame
    Que si llegué ayer
    Me puedo ir mañana
    Que soy gitana

  2. Que puedo decir, vaya que me hizo reflexionar este pequeño texto, gracias por compartirlo Luis.

  3. Muy buena y verdadera reflexión. Llegado el caso, somos esclavos de nuestro propio proceder. Gracias por compartirla.

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