Las manos del abuelo


El abuelo, con noventa y tantos años, sentado débilmente en la banca del patio. No se movía, solo estaba sentado cabizbajo mirando sus manos. Cuando me senté a su lado no se dio por enterado y entre más tiempo pasaba, me pregunté si estaba bien. Finalmente, no queriendo realmente estorbarle sino verificar que estuviese bien, le pregunté cómo se sentía.
Levantó su cabeza, me miró y sonrió. “Sí, estoy bien, gracias por preguntar”, dijo en una fuerte y clara voz.
“No quise molestarte, abuelo, pero estabas sentado aquí simplemente mirando tus manos y quise estar seguro de que estuvieses bien”, le expliqué.
“¿Te has mirado jamás tus manos?” preguntó. “Quiero decir, ¿realmente mirarte las manos?”Lentamente abrí mis manos y me quedé contemplándolas. Las volteé, palmas hacia arriba y luego hacia abajo. No, creo que realmente nunca las había observado mientras intentaba averiguar qué quería decirme. El abuelo sonrió y me contó esta historia:
“Detente y piensa por un momento acerca de tus manos, cómo te han servido bien a través de los años. Estas manos, aunque arrugadas, secas y débiles han sido las herramientas que he usado toda mi vida para alcanzar, agarrar y abrazar la vida.
Ellas pusieron comida en mi boca y ropa en mi cuerpo.  Cuando niño, mi madre me enseñó a plegarlas en oración. Ellas ataron los cordones de mis zapatos y me ayudaron a ponerme mis botas. Han estado sucias, raspadas y ásperas, hinchadas y dobladas.
Se mostraron torpes cuando intenté sostener a mi recién nacido hijo.
Ellas temblaron cuando enterré a mis padres y esposa y cuando caminé por el pasillo con mi hija en su boda. Han cubierto mi rostro, peinado mi cabello y lavado y limpiado el resto de mi cuerpo.
 
Han estado pegajosas y húmedas, dobladas y quebradas, secas y cortadas.
Y hasta el día de hoy, cuando casi nada más en mí sigue trabajando bien, estas manos me ayudan a levantarme y a sentarme, y se siguen plegando para orar.
Estas manos son la marca de dónde he estado y la rudeza de mi vida. Pero más importante aún, es que son ellas las que Dios tomará en las Suyas cuando me lleve a casa.”

Acerca de Luis Castellanos

Experto en e-Learning, Seguridad y Tecnología. luiscastellanos @ yahoo.com | @lrcastellanos

Publicado el 12 mayo, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 12 comentarios.

  1. HOLA HE LEIDO UN POCO SOBRE TUS REFLEXIONES Y ME PARECEN BASTANTE INTERESANTES CUANDO QUIERAS PUEDES VISITAR EL MIO Y BUENO SE ACEPTAN SUGERENCIAS…

  2. Hola amigo tengo algo para ti en mi Blog, es mi primer mimo, con mucho cariño.

    Un abrazote

  3. Saludos Zori… Gracias por tu visita.

    Hola Siry! Gracias por tu mimo!!! Se te agradece!!

  4. Que facil es perdernos la simpleza de las cosas, y la complejidad que estas conllevan, hace un par de meses salimos a caminar con mi mujer para conversar un rato a solas y nos dimos cuenta de que hacia 7 años que viviamos ahi y nunca habiamos caminamos juntos para permitirnos disfrutar de nuestro entorno,que habia arboles que nunca habiamos visto, lugares que sencillamente nos brindaron su vista y que nosotros habiamos ignorado y no creas que vivimos en un paraiso o entre paisajes de ensueño. Hoy al leer este texto mire mis manos pero en realidad mire lo que ellas me habian brindado, y me salto una frase que tome como mia hace muchos años “que simple y que complicado” el hecho de respirar ya es un milagro y no nos detenemos a disfrutarlo, pero bueno nunca es tarde no? siempre es bueno hacer un parate, observar con mayor detenimiento y disfrutar.
    Muchas gracias Luis, hace un par de dias que entre por casualidad a tu blog, realmente no tiene desperdicio, mis felicitaciones.

  5. Saludos Francisco. Gracias por tus palabras y por tu visita…

  6. Hermosa historia y digno homenaje a LAS MANOS…esas compañeras que tanto nos ayudan y permiten disfrutar de la vida, a traves de las sensaciones que nos transmiten..

    Me quedo con esta frace..
    “Y hasta el día de hoy, cuando casi nada más en mí sigue trabajando bien, ESTAS MANOS me ayudan a levantarme y a sentarme, y se siguen plegando para orar.
    Estas manos son la marca de dónde he estado y la rudeza de mi vida. Pero más importante aún, es que SON ELLAS LAS que DIOS TOMARA en las Suyas CUANDO ME LLEVE A CASA.”

  7. Gracias por tu comentario y visita, Carmen…

  8. Esta linda tu reflexión y me gustaría saber si la puedo imprimir y compartirla con un grupo de adultos mayores para que la conozcan.
    Gracias

  9. muy bonita reflexion, es maravilloso ver a un abuelito (a) decir tantas cosas ciertas y que gracias a ellos tengamos buenos principios.

  10. CARMEN JIMENEZ

    simplemente MARAVILLOSA REFLECCION

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