El Viaje que tu mismo conduces


Si comprendes quién eres y te respetas, las críticas no te supondrán ningún problema sino que te brindarán la oportunidad de volverte una mejor persona. Cuando te sientes imperfecto o inseguro, la crítica es como una amenaza y crees que debes defenderte. Cuando te sientes seguro, no perfecto sino seguro, puedes escuchar las críticas y tener en cuenta su valor.
Puedes decir, “lo siento”, y “gracias por abrillantar mi espejo”. Y cuando sea conveniente podrás aprender de las críticas y mejorar tu conducta. Digo cuando sea apropiado porque hay personas a las que les encanta encontrar defectos en otros. Ése es su problema…

Recuerda que todos somos lienzos en blanco. Si presentas un lienzo en blanco como tu obra de arte, no te pondrán buena nota. Pero la creación empieza cuando comienzas a trabajar, sobre todo si consideras el lienzo en blanco una oportunidad de expresar tu talento y no una posibilidad de fracasar. Y recuerda que el lienzo no se termina mientras dura la vida.


Cuando nos encontramos fluyendo en la dirección incorrecta, es más fácil pensar en quién tiene la culpa que cambiar de dirección. Piensa en ello. Imagina que tomas un tren y tan pronto como sale de la estación te das cuenta de que va en dirección equivocada. ¿Te enfadas y echas la culpa al tren o reconoces tu error, te bajas en la primera estación y cambias de andén para tomar el correcto?

Culpar a los demás de nuestra pérdida de rumbo es tentador. Recibimos mucha información sobre la vida pero poca educación de la vida por parte de nuestros padres, maestros y otras figuras de autoridad, que por su experiencia saben más de ella. La informacìón se basa en los hechos, la educación en la sabiduría y el conocimiento de cómo amar y cómo sobrevivir. Pero, por más consejos que te den, eres tú quién decide que tren tomar.

Mientras recorres la vida, presta atención a los indicadores y las estaciones. Si no te gusta lo que ves, tira del freno de emergencia y bájate del tren. No hay otro interventor que lo haga por ti ni tienes que pedir permiso a nadie para hacerlo. Es tu vida, tu viaje, el que tú mismo conduces.

Autor Desconocido

Acerca de Luis R Castellanos

Profesor reconocido | Ayudando a las compañías a transformar sus objetivos en realidades ___ Proven Professor | Helping companies reach their business goals

Publicado el 28 mayo, 2006 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Desde que descubri el uso del internet, siempre me ha fascinado encontrar paginas de reflexiones, pero la tuya es la que mas me ha gustado….

    Si en caso tal no tienes la siguiente reflexiòn quisiera compartirla contigo:

    Jesus y mi vida

    Aún no llego a comprender, como ocurrió, si fue real o un sueño. Solo recuerdo que ya era tarde y estaba en mi sofá preferido, con un buen libro en las manos. El cansancio me fue venciendo y empecé a cabecear …
    En algún lugar entre la semi inconsciencia y los sueños, me encontré en aquel inmenso salón; no tenía nada en especial, salvo una pared llena de tarjeteros, como los que tienen las grandes bibliotecas.
    Los ficheros iban del suelo al techo y parecían interminables en ambas direcciones. Tenían diferentes rótulos. Al acercarme, me llamó la atención un cajón titulado :
    “ Muchachas que me han Gustado ”
    Lo abrí descuidadamente y empece a pasar las fichas. Tuve que detenerme por la impresión. Había reconocido el nombre de cada una de ellas: Se trataba de muchachas que a mi me habían gustado !
    Sin que nadie me lo dijera, empecé a sospechar en dónde me encontraba.
    Este inmenso salón, con sus interminables ficheros, era un crudo catalogo de toda mi existencia. Estaban escritas las acciones de cada una de las acciones de mi vida, pequeños detalles que mi memoria había ya olvidado.
    Un sentimiento de expectación y curiosidad, acompañado de intriga, empezó a recorrer mientras abría los ficheros al azar, para explorar su contenido.
    Algunos me trajeron alegría y momentos dulces; otros, por el contrario, un sentimiento de vergüenza y culpa tan intensos, que tuve que volverme para ver si alguien me observaba.
    El archivo : “Amigos”, estaba al lado de: “Amigos que traicioné” y “Amigos que abandoné, cuando más me necesitaban ”. Los títulos iban de lo mundano a lo ridículo.
    “Libros que he leído”
    “Mentiras que he dicho”
    “Consuelo que he dado”
    “Chistes que conté”,
    otros títulos eran :
    “Asuntos por los que he peleado con mis hermanos”,
    “Cosas hechas cuando estaba molesto”,
    “Murmuraciones cuando mamá me reprendía de niño”,
    “ Videos que he visto”…
    No dejaba de sorprenderme de los títulos. En algunos ficheros habían muchas más tarjetas de las que esperaba y otras veces, menos de lo yo pensaba.
    Estaba atónito del volumen de información de mi vida que había acumulado.
    ¿ Sería posible que hubiera tenido el tiempo de escribir cada una de esos millones de tarjetas ?
    Pero cada tarjeta confirmaba la verdad. Cada una escrita con mi letra, cada una llevaba mi firma. Cuando vi el archivo ”Canciones que he escuchado”, quedé atónito, al descubrir que tenía más de tres cuadras de profundidad y,
    ni aún así, vi el fin. Me sentí avergonzado, no por la calidad de la música, sino por la gran cantidad de tiempo que demostraba haber perdido.
    Cuando llegué al archivo: “Pensamientos lujuriosos”, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Solo abrí el cajón unos centímetros…me avergonzaría descubrir su tamaño. Saqué una ficha al azar y me conmoví por su contenido. Me sentí
    asqueado al constatar que “ese” momento, escondido en la oscuridad, había quedado registrado …
    No necesitaba ver más…
    Un instinto animal afloró en mi. Un pensamiento dominaba mi mente :
    Nadie debe ver estas tarjetas jamás.
    Nadie debe entrar jamás a este salón … tengo que destruirlo… !
    En un frenesí insano, arranqué un cajón, tenía que vaciar y quemar su contenido.
    Pero descubrí que no podía vaciar y quemar su contenido.
    Pero descubrí que no podía siquiera remover una sola del cajón.
    Me desesperé y traté de tirar con más fuerza, solo para descubrir que eran más duras que el acero, cuando intentaba arrancarlas.
    Vencido y completamente indefenso, devolví el cajón a su lugar.
    Apoyando mi cabeza al interminable archivo, testigo invencible de mis miserias, empecé a llorar.
    En eso, el título de un cajón pareció aliviar en algo mi situación :
    “ Personas a las que les he compartido el Evangelio ”.

    La manija brillaba, al abrirlo encontré menos de 10 tarjetas. Las lágrimas volvieron a brotar de mis ojos. Lloraba tan profundo que no podía respirar.
    Caí de rodillas al suelo llorando amargamente de vergüenza.
    Un nuevo pensamiento cruzaba mi mente : Nadie deberá entrar en este salón; necesito encontrar la llave y cerrarlo para siempre.
    Y mientras me limpiaba las lágrimas, lo vi …
    Oh no !!, por favor no !!, El no !!, cualquiera menos Jesús !!.
    Impotente vi cómo Jesús abría los cajones y leía cada una de mis fichas.
    No soportaría ver su reacción.
    En ese momento no deseaba encontrarme con su mirada.
    Intuitivamente Jesús se acercó a los peores archivos.
    ¿ Por qué tiene que leerlos todos ?.
    Con tristeza en sus ojos, buscó mi mirada y yo bajé la cabeza de vergüenza; me llevé las manos al rostro y empecé a llorar de nuevo.
    El, se acercó, puso sus manos en mis hombros …
    Pudo haber dicho muchas cosas.
    Pero El no dijo una sola palabra.
    Allí estaba junto a mi, en silencio.
    Era el día en que Jesús guardó silencio … y lloró conmigo.
    Volvió a los archivadores y, desde un lado del salón, empezó a abrirlos, uno por uno, y en cada tarjeta firmaba su nombre sobre el mío.
    Oh No !!!, le grité corriendo hacia El.
    Lo único que atiné a decir fue solo No!!, No!! Cuando le arranqué la ficha de su mano.
    Su nombre no tenía que estar en esas fichas. No eran sus culpas, eran las mías!!
    Pero allí estaban. Escritas en un rojo vivo.
    Su nombre cubrió el mío, escrito con su propia sangre.
    Tomó la ficha de mi mano, me miró con una sonrisa triste y siguió firmando las tarjetas.
    No entiendo cómo lo hizo tan rápido. Al siguiente instante, lo vi cerrar el último archivo y venir a mi lado. Me miró con ternura a los ojos y me dijo :
    “ Consumado es, está terminado, yo he cargado con tu vergüenza y culpa. “
    En eso salimos juntos del salón … Salón que aun permanece abierto … Porque todavía faltan más tarjetas que escribir…
    Aun no se si fue un sueño, o una visión, o una realidad … pero, de lo que si estoy convencido, es que la próxima vez que Jesús vuelva a ese salón, encontrara más fichas de que alegrarse, menos tiempo perdido y menos fichas vanas y vergonzosas.

    Soy panameña y te felicito por lo que haces, sigue asi, ya que con las reflexiones que publicas hare un cuaderno que empastare para dejarselo a mis hijos como herencia y para que cultiven valores atravez de los mensajes que encierran las reflexiones….. GRACIAS

  2. SI SUPIERA…
    Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y oraría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.
    Si supiera que esta fuera la última vez que te vería salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y llamaría de nuevo para darte más.
    Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez…indefinidamente.
    Si supiera que estos son los últimos minutos que te vería, diría “te quiero” y no asumiría tontamente, que ya lo sabes.
    Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuánto te quiero y que nunca te olvidaré.
    El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso, y que estuviste muy ocupado para concederle a alguien un último deseo.
    Mantén a los que amas cerca de tí, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles lo siento, perdóname, por favor, gracias y todas las palabras de amor que conoces.
    Así, si mañana nunca llega, no tendrás remordimientos por hoy.
    “Nadie te recordará por tus pensamientos secretos”

    Las Galleticas

    Una chica estaba aguardando su vuelo en una sala de espera de un aeropuerto. Como debía esperar un largo rato, decidió comprar un libro y también un paquete con galletitas.

    Se sentó en una sala del aeropuerto para poder descansar y leer en paz. Asiento de por medio, se ubicó un hombre que abrió una revista y empezó a leer.

    Entre ellos quedaron las galletitas. Cuando ella tomó la primera, el hombre también tomó una.

    Ella se sintió indignada, pero no dijo nada.

    Apenas pensó: “¡Qué descarado; si yo estuviera más dispuesta, hasta le daría un golpe para que nunca más se le olvide!”.

    Cada vez que ella tomaba una galletita, el hombre también tomaba una.

    Aquello la indignaba tanto que no conseguía concentrarse ni reaccionar.

    Cuando quedaba apenas una galletita, pensó: “qué hará ahora este abusador?”.

    Entonces, el hombre dividió la última galletita y dejó una mitad para ella.

    Ah! No!. . . Aquello le pareció demasiado! ¡Se puso a bufar de la rabia!.

    Cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sector del embarque.

    Cuando se sentó en el interior del avión, miró dentro del bolso y para su sorpresa, allí estaba su paquete de galletitas. . . intacto,cerradito…

    ¡Sintió tanta vergüenza!.

    Sólo entonces percibió lo equivocada que estaba. ¡Había olvidado que sus galletitas estaban guardadas dentro de su bolso!

    El hombre había compartido las suyas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado. Y ya no había más tiempo ni posibilidades para explicar o pedir disculpas. Pero sí para razonar:

    ¿cuántas veces en nuestra vida sacamos conclusiones cuando debiéramos observar mejor?

    ¿cuántas cosas no son exactamente como pensamos acerca de las personas?

    Y recordó que existen cuatro cosas en la vida que no se recuperan:

    1.- Una piedra, después de haber sido lanzada;
    2.- Una palabra, después de haber sido proferida;
    3.- Una oportunidad, después de haberla perdido;
    4.- El tiempo, después de haber pasado.

    AMISTAD

    – Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor, solicito permiso para ir a buscarlo.
    -Permiso denegado – replicó el oficial. No quiero que arriesgue su vida por un hombre que probablemente ha muerto.
    El soldado desobedeciendo la prohibición, salió y una hora más tarde regresó mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo.
    El oficial estaba furioso: -¡Ya le dije que había muerto! ¡Ahora he perdido a dos hombres! Dígame, ¿merecía la pena salir para traer un cadáver? Y el soldado, moribundo, respondió: “¡Claro que sí, señor! cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme: Juan…estaba seguro de que vendrías”.

    Anthony de Mello

  3. Luis Castellanos

    Gracias por tu comentario y por tu aporte, Aurora…

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