Reflexiones Diarias

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Independencia emocional

27 Marzo, 2009 · 11 comentarios

paolo-coelho«Al principio de nuestra vida, y una vez más cuando envejecemos, nos hacen falta la ayuda y el cariño de los demás. Desgraciadamente, entre estos dos periodos de nuestra vida, durante el tiempo en el que somos fuertes y capaces de cuidar de nosotros mismos, descuidamos el valioso cultivo del cariño y de la compasión. Puesto que nuestra propia vida comienza y termina con necesidad de afecto, ¿no sería mejor que practicásemos la compasión y el amor hacia los demás mientras somos fuertes y capaces?»

La cita es del actual Dalai Lama. Es verdaderamente curioso observar cómo nos enorgullecemos de nuestra independencia emocional. Aunque, claro está, tal cosa sea muy cuestionable: seguimos necesitando a los demás durante toda nuestra existencia, sólo que resulta “vergonzoso” demostrarlo, y entonces preferimos llorar ocultamente. Y si alguien nos pide ayuda, es que se trata de un sujeto débil, de alguien incapaz de controlar sus sentimientos.
Hay una ley no escrita que dice que “el mundo es de los fuertes”, y que “sobrevive apenas el más apto”. Si esto fuese cierto, la especie humana no habría podido subsistir, pues sus individuos necesitan protección durante un largo periodo de tiempo (los especialistas dicen que apenas podemos valernos por nosotros mismos después de los nueve años de edad, mientras que una jirafa lo consigue en ocho meses como máximo, y una abeja alcanza su independencia en menos de cinco minutos).
Estamos en este mundo. Por lo que a mí respecta, yo sigo – y seguiré siempre – dependiendo de los demás. Dependo de mi mujer, de mis amigos, de mis editores. Dependo incluso de mis enemigos, que me ayudan a permanecer siempre adiestrado en el uso de la espada.
Desde luego, hay momentos en los que este fuego avanza en otra dirección, pero yo nunca dejo de preguntarme: ¿Dónde están los otros? ¿Acaso me aislé demasiado? Como a cualquier persona sana, también me hace falta la soledad, el tiempo de la reflexión.
Pero esto no debe convertirse en un vicio.
La independencia emocional no conduce absolutamente a ninguna parte – a no ser a una pretendida fortaleza, cuyo único e inútil objetivo es impresionar a los demás.
La dependencia emocional, por su parte, es como una hoguera que encendiéramos.
Al principio, las relaciones son difíciles. De la misma manera, con el fuego hay que conformarse primero con el desagradable humo, que dificulta la respiración y arranca las lágrimas. Sin embargo, una vez encendido el fuego, el humo desaparece, y las llamas lo iluminan todo, transmitiendo calor, calma, y, de cuando en cuando, haciendo saltar alguna brasa que nos quema, pero que también anima nuestra relación. ¿No están de acuerdo?
Esta columna empezaba con una cita de un premio Nobel de la Paz defendiendo la importancia de las relaciones humanas. Concluyo ahora con unas palabras del profesor Albert Schweitzer, médico e misionero, que recibió el mismo premio Nobel en 1952:
«Todos hemos oído hablar de una dolencia de África Central conocida como enfermedad del sueño. Lo que tenemos que saber es que existe una enfermedad muy similar que ataca al alma, y que es muy peligrosa, porque se desarrolla sin ser detectada. Al notar el menor síntoma de indiferencia y de falta de entusiasmo ante los demás, hay que hacer saltar las alarmas.
»La única manera de prevenirse contra esta enfermedad es entender que el alma sufre, y mucho, cuando la obligamos a vivir superficialmente. Al alma le gustan las cosas bellas y profundas».

Paulo Coelho

Guerrero de la Luz

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Iluminación en siete días

20 Enero, 2009 · Dejar un comentario

Buda afirmó frente a sus discípulos: el que se esfuerza, puede alcanzar la iluminación en siete días. Si no lo consigue, sin duda lo logrará en siete meses, o en siete años.
Un joven se propuso conseguirlo en una semana, y quiso saber cómo debía actuar. “Concentración” fue la respuesta.
El joven empezó a practicar, pero diez minutos más tarde ya se había distraído, y consideró que no estaba perdiendo el tiempo, sino habituándose consigo mismo.
Un buen día decidió que no era necesario llegar tan rápido a su meta, pues el camino le estaba enseñando muchas cosas.
Y fue en este momento cuando alcanzó la iluminación.

Paolo Coelho

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La historia de Humi

27 Octubre, 2008 · 10 comentarios

Hace muchos años, en la isla de Hokkaido, vivía el jóven Humi, que se ganaba el sustento picando piedras. Aunque jóven y sano, no estaba contento con su destino, y se quejaba noche y dá. Humi, pese a no conocer bien el Cristianismo sabía que, según su tradición, al menos una vez al año se satisfacían los deseos de la humanidad. Así, un día de Navidad rezó con mucha fé y para su sorpresa, se le apareció un ángel.

- Tienes salud y toda una vida por delante -le dijo el ángel-. Todos los jóvenes deben empezar a hacer algo. ¿Por qué vives quejándote?.

- Dios ha sido injusto conmigo y no me ha dado la oportunidad de llegar lejos – respondió Humi.

Preocupado, el ángel se presentó ante el Señor para pedirle ayuda y que su protegido no terminara por perder su alma.

- Que se haga tu voluntad -dijo el señor-. Como es Navidad, todo lo que desee le será concedido.

Al día siguiente, Humi estaba picando piedras cuando vió pasar un carruaje que llevaba a un noble cubierto de joyas. Pasándose las manos por el rostro sucio y sudoroso, dijo con amargura:

-¿Por qué no puedo ser noble yo también? ¡Ése es mi destino !

-¡ Así sea! -murmuró su ángel con gran alegría.

Y Humi se convirtió en dueño de un suntuoso palacio y de muchas tierras, rodeado de sirvientes y caballos. Salía todos los días con su impresionante cortejo y le gustaba ver a sus antiguos compañeros mirándolo con respeto, hasta que una tarde, el calor era insoportable; incluso bajo su parasol dorado, Humi sudaba como en los días en que picaba piedras. Se dió cuenta entonces de que no era tan importante como pensaba: por encima de él había príncipes, emperadores, y más alto todavía estaba el Sol, que no obedecía a nadie, pues él era el verdadero rey.

- ¡Ángel mío!, ¿por qué no puedo ser el Sol?. ¿Ése debe ser mi destino! – se lamentó Humi.

- Que así sea – exclamó el ángel, ocultando su tristeza ante tanta ambición.

Y Humi fue el Sol, como era su deseo. Mientras brillaba en el cielo, maravillado con su gigantesco poder para hacer madurar las cosechas o quemarlas a su voluntad, vió un punto negro que comenzaba a avanzar a su encuentro. La mancha oscura fue creciendo y Humi se dió cuenta de que era una nube que se extendía a su alrededor y le impedía ver la Tierra.

- ¡Ángel mío! -gritó Humi-. ¡La nube es más fuerte que el Sol!, ¡mi destino es ser nube!. Respondió el Ángel -¡Así sea!.

Se convirtió en nube y vio realizado su sueño. -¡Soy poderoso! – gritaba, oscureciendo al Sol. -¡Soy invencible! tronaba, siguiendo a las olas. Pero en la costa desierta del océano se erguía una inmensa roca de granito, tan vieja como el mundo. Humi pensó que la roca lo desafiaba y desencadenó una tempestad como el mundo no había visto jamás. Las olas, enormes y furiosas, golpeaban la roca intentando arrancarla del suelo y lanzarla al fondo del mar, pero, firme, la roca continuaba en su sitio.

-¡ Ángel mío ! -sollozaba Humi-. ¡La roca es más fuerte que la nube !, ¡mi destino es ser roca!.

Y Humi se convirtió en roca. -¿Quién podrá vencerme ahora? -se preguntaba-.¡Soy el más poderoso del mundo !.

Y así pasaron varios años, hasta que una mañana, Humi sintió una punzada aguda en sus entrañas de piedra, seguida de un profundo dolor, como si una parte de su cuerpo de granito estuviese siendo lacerada. Enseguida oyó unos golpes sordos y de nuevo un inmenso dolor. Loco de espanto, gritó:

- ¡Ángel mío, alguien está intentando matarme!. ¡Tiene más poder que yo, quiero ser como él!.

- ¡Así sea! -exclamó el ángel, llorando.

Y así fue como Humi volvió a picar piedras.

PAULO COELHO

Vía Némesis

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El demonio le dijo a Buda

10 Septiembre, 2008 · 3 comentarios

El demonio le dijo a Buda:

-Ser el diablo no es fácil. Cuando hablo, tengo que valerme de enigmas para que las personas no sean conscientes de la tentación. Tengo que parecer siempre astuto e inteligente, para que me admiren. Gasto mucha energía en convencer a unos pocos de que el infierno es más interesante. Estoy viejo, y quiero que pases a encargarte de mis alumnos.

Buda sabía que eso era una trampa: si aceptase la propuesta, él se transformaría en demonio, y el demonio se convertiría en Buda.

-¿Crees que es divertido ser Buda? – respondió. –¡Además de tener que hacer todo lo que haces tú, tengo que aguantar también lo que me hacen mis discípulos! ¡Ponen en mi boca cosas que no dije, cobran por mis enseñanzas, y me exigen que sea sabio siempre! ¡Tú no conseguirías aguantar una vida como ésta!

El diablo se convenció de que intercambiar los papeles era realmente un mal negocio, y Buda escapó a la tentación.

Paulo Coelho

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La ley de Jante

9 Noviembre, 2007 · 16 comentarios

“Tu no vales nada, nadie está interesado en lo que piensas, la mediocridad y el anonimato son la mejor opción. Si actúas así, nunca tendrás grandes problemas en la vida.”

Este post es corto y sencillo, pero embarga muchas cosas.  Es tomado del libro de Paolo Coelho “Ser como el río que fluye”, donde el autor a su vez parafrasea la ley de Jante, la cual fue enunciada por el escritor escandinavo Aksel Sandemose en 1933.

Y la vida es así, si eres mediocre o anónimo nadie te ataca ni nadie te toma en cuenta.  Basta con ser exitoso, o ser un triunfador, para que el mundo de mediocres te critique y trate de menospreciar.

Queda de parte de cada uno de nosotros pensar que si nos envidian, es porque tenemos algo que los que nos critican no tienen.

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¿Qué es el amor?

26 Junio, 2007 · 30 comentarios

Quiero estar junto a la persona que amo…

 

No quiero saber el precio que habré de pagar…

 

No quiero saber si será bueno o malo para mi vida…

 

No quiero saber si esa persona me quiere o no…

Lo único que necesito, lo único que deseo, es estar cerca de la persona que amo…

 

Paulo Coelho

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Las Etapas (Paolo Coelho)

18 Septiembre, 2005 · 46 comentarios

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida.

Si insistes en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos. Como quiera llamarlo, lo importante es poder cerrarlos, dejar ir momentos de la vida que se van clausurando

¿Terminó con su trabajo?, ¿Se acabó la relación?, ¿Ya no vive más en esa casa?, ¿Debe irse de viaje?, ¿La amistad se acabó?

Puede pasarse mucho tiempo de su presente “revolcándose” en los porqués, en devolver el casette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.

El desgaste va a ser infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanas, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la

Vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltar, hay que desprenderse.

No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.

No. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, documentos por tirar, libros por vender o regalar. Los cambios externos

pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja,

hay que vivir con sólo lo que tenemos en el presente!. El pasado ya pasó.

No esperen que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere que alguna vez se den cuenta de quién es usted. Suelte el resentimiento, el prender “su televisor personal” para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si usted anda por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción.

Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de “regresar” (a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron

¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo!, si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase a usted mismo que no, que no vuelve.

Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Usted ya no es el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver. Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo. Ni usted será el mismo, ni el entorno al que regresa será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.

Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que ya no está en su vida. Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque: cuando usted vino a este mundo ‘llegó’ sin ese adhesivo, por lo tanto es “costumbre” vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir. Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr porque, le repito, ¡nada ni nadie nos es indispensable! Sólo es costumbre, apego, necesidad.

Pero…. cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte. Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.

¡Esa es la vida!

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