Archivo de la categoría: coelho

Aventura peligrosa


rutina mortal

Los que aman…


los que aman

Cuando perdemos…


cuanto perdemos

Resuélvete


Admiradores secretos


Curar mis heridas


Ahuyentar los fantasmas


Durante años Hitoshi intentó -inútilmente- despertar el amor de aquella a quien consideraba ser la mujer de su vida. Pero el destino es irónico: el mismo día que ella lo aceptó como futuro marido, también descubrió que tenía una enfermedad incurable y le quedaba poco tiempo de vida.

Seis meses después, ya a punto de morir, ella le pidió:
– Quiero que me prometas una cosa: que jamás te volverás a enamorar. Si lo haces, volveré todas las noches para espantarte.

Y cerró los ojos para siempre. Durante muchos meses

Hitoshi evitó aproximarse a otras mujeres, pero el destino continuó irónico,  él descubrió  un nuevo amor. Cuando se preparaba para casarse,
el fantasma de su ex amada cumplió su promesa y apareció.

- Me estás traicionando- le dijo. Durante años te entregué mi corazón y tú no me correspondías -respondió Hitoshi – ¿No crees que merezco una segunda oportunidad de ser feliz?

Pero el fantasma de la ex amada no quiso saber disculpas, y todas las noches venía para asustarlo. Contaba con todo detalle lo que había sucedido durante el día, las palabras de amor que él había dicho a su novia, los besos y abrazos que se habían intercambiado.

Hitoshi ya no podía dormir, así que fue a buscar al maestro zen Bashó.

-Es un fantasma muy listo- comentó Bashó.

-¡Ella sabe todo, hasta los menores detalles!  Y ya está acabando con mi noviazgo, porque no consigo dormir y en los momentos de intimidad con mi amada me siento muy inhibido.

-Vamos a alejar este fantasma- garantizó Bashó.

Y le dio las directivas. Aquella noche cuando el fantasma retornó, Hitoshi lo abordó antes de que dijera la primera frase.

-Eres un fantasma tan sabio, que haremos un trato. Como me vigilas todo el tiempo, te voy a preguntar algo que hice hoy: si aciertas abandono a mi novia
y nunca más tendré mujer. Si te equivocas, has de prometer que no volverás a aparecer, so pena de ser condenado por los dioses a vagar para siempre en la oscuridad.

-De acuerdo- respondió el fantasma, confiada.

-Esta tarde estaba en el almacén y en un determinado momento cogí un puñado de granos de trigo de dentro de un saco.

-Sí, lo vi- dijo el fantasma.

- La pregunta es la siguiente: ¿cuántos granos de trigo tenía en mi mano?.

El fantasma en ese instante comprendió que no conseguiría jamás responder la pregunta. Y para evitar ser perseguido por los dioses en la oscuridad eterna, decidió desaparecer para siempre.

Dos días después Hitoshi fue hasta la casa del maestro zen.

-Vine a darle las gracias.

-Aprovecha para aprender las lecciones que hacen parte de esta experiencia – respondió Bashó. En primer lugar, aquel espíritu volvía siempre porque tenías miedo. Si quieres alejar una maldición, no le des la menor importancia. Segundo: el fantasma sacaba provecho de tu sensación de culpa: cuando nos sentimos culpables, siempre deseamos -inconscientemente- el castigo. Y, finalmente: nadie que realmente te ame te obligaría a hacer ese tipo de promesa. Si quieres entender el Amor, aprende la Libertad.

Paulo Coelho

Problemas


Érase una vez un sabio muy conocido que vivía en una montaña del Himalaya. Cansado de convivir con los hombres, había optado por una vida sencilla, y pasaba la mayor parte de su tiempo meditando.

Este sabio, como era un hombre muy compasivo, no dejaba de dar un consejo aquí y otro allá. A pesar de todo, éstos aparecían en grupos cada vez mayores y, en cierta ocasión, una multitud se agolpó a su puerta diciendo que en el periódico local se habían publicado que el sabía cómo superar las dificultades de la vida.

El sabio les pidió a todos que se sentasen y esperasen. Cuando ya no quedaba espacio para nadie más, él se dirigió a la muchedumbre que esperaba frente a su puerta:

-Os os voy a dar la respuesta que todos queréis. Pero debéis prometerme que, a medida que vuestros problemas se solucionen, les diréis a los nuevos peregrinos que me fui de aquí, de manera que yo pueda continuar viviendo en la soledad que tanto anhelo. Contadme vuestros problemas.

Alguien comenzó a hablar, pero fue inmediatamente interrumpido por otras personas, ya que sabían que aquélla era la última audiencia pública que el hombre santo daría, y temían que no tuviera tiempo de escucharlos a todos. El sabio dejó que la escena se prolongase un poco más, y por fin gritó:

-¡Silencio! Escribid vuestros problemas y dejad los papeles aquí, frente a mí.

Cuando todos terminaron, el sabio mezcló todos los papeles en una cesta, pidiendo a continuación:

-Id pasando esta cesta de mano en mano, y que cada uno saque un papel y lo lea. Entonces podréis cambiar vuestro problema por el que os ha tocado, o pedir que os devuelvan el papel con el problema que escribisteis originalmente.

Todos los presentes fueron tomando una de las hojas de papel, la leyeron, y quedaron horrorizados. Sacaron como conclusión que aquello que habían  escrito, por muy malo que fuese, no era tan serio como lo que afligía a sus vecinos. Dos horas después, intercambiaron los papeles, y cada uno volvió a meter en su bolsillo su problema personal, aliviado al saber que su aflicción no era tan dura como se imaginaba.

Agradecieron la lección, bajaron la montaña con la seguridad de que eran más felices que los demás, y –cumpliendo el juramento realizado- nunca más permitieron que nadie perturbase la paz de aquel hombre santo.

 

Paolo Coelho

La cumbuca


Aquí está el origen del proverbio: “Mono viejo no mete la mano en la cumbuca”

En la India, los cazadores abren un pequeño agujero en un coco, colocan una banana adentro y se esconden. El mono se acerca, toma la banana, pero no consigue sacarla, porque su mano cerrada no pasa por la abertura. En lugar de dejar la fruta, el mono se queda allí luchando contra lo imposible, hasta ser atrapado.
Lo mismo pasa en nuestras vidas. La necesidad de tener determinada cosa hace que terminemos prisioneros de ellas. No percibimos que es mejor perder un poco, que perder todo.

Permanecemos en la trampa, no abrimos la mano que tiene lo que conseguimos. Nos juzgamos sabios, pero – en lo profundo del corazón- sabemos que es una idiotez obrar así.

Paulo Coelho

¿Maestros o profesores?


Vuelvo aquí a uno de mis personajes favoritos, el filósofo chino Confucio. Se cree que vivió entre los años 551 y 479 antes de Cristo. Mientras algunas obras se le atribuyen a él, otras fueron recopiladas por sus discípulos. En uno de estos textos, Conversaciones familiares, hay un interesante diálogo acerca del aprendizaje: Confucio se sentó a descansar, e inmediatamente los alumnos se pusieron a hacerle preguntas. Aquel día, el maestro se encontraba con buena disposición, y resolvió responderles.

­Usted consigue explicar todo lo que siente.

¿Por qué no le hace una visita al emperador y habla con él? ­El emperador también hace bellos discursos ­dijo Confucio­. Y los bellos discursos son apenas una cuestión de técnica: no son obra de la virtud, necesariamente.

­Entonces, envíele su libro de poemas.

­Los 300 poemas que hay ahí escritos pueden resumirse en una sola frase: piensa correctamente.

Este es el secreto.

­¿Qué es “pensar correctamente”? ­Es saber usar la mente y el corazón, la disciplina y la emoción. Cuando se desea una cosa, la vida nos guiará hasta allá, pero por caminos que no esperamos. A menudo nos dejamos confundir, porque estos caminos nos sorprenden, y entonces nos parece que estamos yendo en la dirección equivocada. Fue por eso por lo que yo dije: déjate llevar por la emoción, pero sé disciplinado para poder seguir adelante.

­¿Usted hace eso? ­A los 15 años, empecé a aprender. A los 30, pasé a estar seguro de lo que quería. A los 40, las dudas regresaron. A los 50 años, descubrí que el Cielo tiene un proyecto para mí y para todos los hombres que hay sobre la faz de la Tierra. A los 60, comprendí este proyecto y encontré la tranquilidad necesaria para seguirlo. Ahora, a los 70 años, soy capaz de escuchar a mi corazón, sin que este me haga salirme del camino.

­Entonces, ¿qué es lo que lo hace a usted diferente del resto de los hombres que también aceptan la voluntad del Cielo? ­Yo intento compartirla con vosotros. Y quien consigue discutir una verdad antigua con una generación nueva, debe hacer uso de su capacidad de enseñar. Esta es mi única cualidad: ser un buen profesor.

­¿Qué significa ser un buen profesor? ­Buen profesor es el que examina todo lo que enseña. Las ideas antiguas no pueden esclavizar al hombre, porque con el tiempo deben adaptarse y adoptar nuevas formas. Por lo tanto, aprovechemos la riqueza filosófica del pasado, sin olvidar los desafíos que el mundo presente nos propone.

­¿Y cómo es un buen alumno? ­Es aquel que escucha lo que yo le digo, adaptando mis enseñanzas a su vida, pero sin seguirlas nunca al pie de la letra. Es aquel que no busca un empleo, sino un trabajo que lo dignifique. Y por último, es aquel que no persigue ser notado, sino realizar algo notable.

Paolo Coelho

Leyendas del Desierto


Conocí a Yasser Hareb durante un encuentro en París. Conversamos mucho sobre el último puente que permanece intacto en un mundo cada vez más dividido: la cultura. A pesar de todo lo que estamos presenciando, aún existen valores comunes, y eso puede ayudarnos a comprender a nuestro prójimo. Le pedí a Yasser que escribiese algunas historias de su tierra, que transcribo (resumidas) a continuación:

¿Por qué lloras?
Un hombre llamó a la puerta del amigo para pedirle un favor:

-Necesito que me prestes cuatro mil dinares para pagar una deuda que tengo. ¿Podrías hacerlo?

El amigo le pidió a su mujer que reuniese todo lo que tenían, pero ni siquiera con esto fue suficiente. Hubo que salir a la calle, y pedirles dinero a los vecinos, hasta alcanzar la cantidad requerida.

Cuando el hombre se marchó, la mujer se dio cuenta de que su marido estaba llorando.

-¿Por qué estás triste? ¿Porque tienes miedo de que, ahora que nos hemos endeudado, no consigamos pagar lo que debemos?

No, no es por eso. Lloro porque el que nos acaba de visitar es un amigo al que quiero mucho, y a pesar de eso yo no sabía nada de su situación. Sólo me acordé de él cuando se vio obligado a llamar a mi puerta para pedirme dinero prestado.

El código del hospedaje
Dos hombres estaban cruzando el desierto, cuando avistaron la tienda de un beduino, y se aproximaron para pedir abrigo. Aunque eran unos desconocidos, fueron recibidos según manda el código de conducta de los nómadas: se sacrificó un camello, y se sirvió su carne en una espléndida cena.

Al día siguiente, puesto que los huéspedes continuaban allí, el beduino ordenó que se sacrificase otro camello. Los dos hombres, asombrados, dijeron que aún sobraba muchísima carne del día anterior.

-Sería vergonzoso ofrecer comida vieja a mis huéspedes- se limitó a responder.

Al tercer día, los dos extranjeros despertaron temprano y decidieron continuar su viaje. Como el beduino no estaba en casa, le dieron cien dinares a su mujer, sin dejar de pedir disculpas por no poder esperar, puesto que si se entretuviesen mucho allí, el sol terminaría quemando demasiado.

Ya llevaban caminando unas cuatro horas, cuando escucharon una voz que los llamaba a sus espaldas. Se dieron la vuelta, y vieron que el era el beduino que los venía siguiendo, y en cuanto los alcanzó, arrojó el dinero en el suelo frente a ellos.

-¡Con lo bien que yo os recibí! ¿Es que no tenéis vergüenza?

Los extranjeros, sorprendidos, dijeron que sin duda los camellos debían valer mucho más que eso, pero que no tenían mucho dinero.

-No me refiero a la cantidad- respondió-. El desierto acoge a los beduinos allá donde vayan, y nunca nos pide nada a cambio. Si tuviéramos que pagar por ello, ¿cómo podríamos vivir? Recibiros en mi tienda es devolver apenas una pequeña parte de lo que la vida nos ha regalado.

Generoso a la hora de la muerte
Un hombre viajaba de una ciudad a otra, cuando supo que se había trabado una sangrienta batalla, y que su primo se encontraba entre los soldados heridos. Se apresuró en llegar hasta el lugar para descubrir que su familiar estaba a punto de morir. Echó mano de su cantimplora y le ofreció un poco de agua, pero en ese instante otro herido gimió, y el primo le pidió que le diese de beber al soldado que estaba a su lado.

-¡Pero si voy hasta él, es posible que tú no sobrevivas! ¡Tú ya has sido suficientemente generoso durante toda tu vida!

Reuniendo sus últimas fuerzas, el herido respondió:

-Razón de más para seguir siendo generoso hasta el momento de mi muerte.

Paulo Coelho

El yogui y el loco


Nasrudin, el maestro loco de la tradición sufí, pasa frente a una gruta, ve a un yogui en plena meditación, y le pregunta lo que está buscando.
-Observo los animales, y he aprendido de ellos muchas lecciones que pueden transformar la vida de un hombre – dijo el yogui.
-Enséñame lo que sabes, y yo te enseñaré lo que aprendí, pues, en cierta ocasión, un pez me salvó la vida – responde Nasrudin.
El yogui se queda asombrado: si un pez salvó la vida de aquel hombre, debe tratarse sin duda de un santo. Decide, por tanto, enseñarle todo lo que sabe.
Cuando termina, le dice a Nasrudin:
-Ahora que te he enseñado todo lo que sé, sería para mí un honor escuchar la historia de cómo un pez te salvó la vida.
-Fue sencillo. Yo estaba casi muriéndome de hambre cuando lo pesqué, y gracias a él conseguí sobrevivir tres días.

Paolo Coelho

El aprendiz indeseable


Monasterio de Taktshang (Bután)

-No tenemos puertas en nuestro monasterio –le comentó Shantih al visitante.
-¿Y qué pasa con las personas inoportunas, que vienen a perturbar la paz del lugar?
-Las ignoramos, y acaban marchándose.
-¿Nada más? ¿Y eso da resultado?
Shantih no respondió. El visitante insistió algunas veces más. Viendo que no obtenía respuesta, resolvió partir.
“¿Has visto como sí que funciona?”, se dijo Shantih, sonriendo.

Paolo Coelho

El Vencedor está solo


Cuando vi el libro en el mostrador de una librería,  me llamó la atención el título de la última obra del Maestro Coelho.  Y pensé inicialmente que estaba equivocado.

Los vencedores no están solos. Más bien todo el mundo busca a los vencedores. Y siempre van acompañados.

Pero una vez que me adentro en la lectura de estas páginas, me di cuenta que el equivocado era yo.

Y es que como le decía a una amiga en días pasados, muchas veces el vencedor debe hacer sacrificios para poder vencer. Y debe sopesar, si vale la pena el sacrificio.

Conozco mucha gente, que se autoproclaman “vencedores”, que han triunfado, a costa de no dedicarle tiempo a su cónyugue ni a sus hijos. O “triunfadores” que venden su integridad para llegar a la cima.  Creo que debemos poner las cosas en una balanza, y ver, como dije anteriormente. si vale la pena el sacrificio…  Prefiero ser una persona común y corriente, con mis hijos a mi lado, que ser un triunfador solo.

Porque otro aspecto que tocaba al principio era que el triunfador siempre estaba rodeado de personas. Cierto, pero el estar rodeado de personas no evita que estés solo. Estas rodeado de personas que se aprovechan de tu fama, o personas “jalaboradoras” o “chupamedias”, o sencillamente con personas que una vez que pierdas la fama y el triunfalismo, te abandonan sin pensarlo dos veces.

Ese es el precio de la fama.

El Vencedor está solo“. Definitivamente.

Para leer sinopsis del libro:  Leergratis

Para descargar el libro: Fileshunt

Luis Castellanos
Reflexiones Diarias

Independencia emocional


paolo-coelho«Al principio de nuestra vida, y una vez más cuando envejecemos, nos hacen falta la ayuda y el cariño de los demás. Desgraciadamente, entre estos dos periodos de nuestra vida, durante el tiempo en el que somos fuertes y capaces de cuidar de nosotros mismos, descuidamos el valioso cultivo del cariño y de la compasión. Puesto que nuestra propia vida comienza y termina con necesidad de afecto, ¿no sería mejor que practicásemos la compasión y el amor hacia los demás mientras somos fuertes y capaces?»

La cita es del actual Dalai Lama. Es verdaderamente curioso observar cómo nos enorgullecemos de nuestra independencia emocional. Aunque, claro está, tal cosa sea muy cuestionable: seguimos necesitando a los demás durante toda nuestra existencia, sólo que resulta “vergonzoso” demostrarlo, y entonces preferimos llorar ocultamente. Y si alguien nos pide ayuda, es que se trata de un sujeto débil, de alguien incapaz de controlar sus sentimientos.
Hay una ley no escrita que dice que “el mundo es de los fuertes”, y que “sobrevive apenas el más apto”. Si esto fuese cierto, la especie humana no habría podido subsistir, pues sus individuos necesitan protección durante un largo periodo de tiempo (los especialistas dicen que apenas podemos valernos por nosotros mismos después de los nueve años de edad, mientras que una jirafa lo consigue en ocho meses como máximo, y una abeja alcanza su independencia en menos de cinco minutos).
Estamos en este mundo. Por lo que a mí respecta, yo sigo – y seguiré siempre – dependiendo de los demás. Dependo de mi mujer, de mis amigos, de mis editores. Dependo incluso de mis enemigos, que me ayudan a permanecer siempre adiestrado en el uso de la espada.
Desde luego, hay momentos en los que este fuego avanza en otra dirección, pero yo nunca dejo de preguntarme: ¿Dónde están los otros? ¿Acaso me aislé demasiado? Como a cualquier persona sana, también me hace falta la soledad, el tiempo de la reflexión.
Pero esto no debe convertirse en un vicio.
La independencia emocional no conduce absolutamente a ninguna parte – a no ser a una pretendida fortaleza, cuyo único e inútil objetivo es impresionar a los demás.
La dependencia emocional, por su parte, es como una hoguera que encendiéramos.
Al principio, las relaciones son difíciles. De la misma manera, con el fuego hay que conformarse primero con el desagradable humo, que dificulta la respiración y arranca las lágrimas. Sin embargo, una vez encendido el fuego, el humo desaparece, y las llamas lo iluminan todo, transmitiendo calor, calma, y, de cuando en cuando, haciendo saltar alguna brasa que nos quema, pero que también anima nuestra relación. ¿No están de acuerdo?
Esta columna empezaba con una cita de un premio Nobel de la Paz defendiendo la importancia de las relaciones humanas. Concluyo ahora con unas palabras del profesor Albert Schweitzer, médico e misionero, que recibió el mismo premio Nobel en 1952:
«Todos hemos oído hablar de una dolencia de África Central conocida como enfermedad del sueño. Lo que tenemos que saber es que existe una enfermedad muy similar que ataca al alma, y que es muy peligrosa, porque se desarrolla sin ser detectada. Al notar el menor síntoma de indiferencia y de falta de entusiasmo ante los demás, hay que hacer saltar las alarmas.
»La única manera de prevenirse contra esta enfermedad es entender que el alma sufre, y mucho, cuando la obligamos a vivir superficialmente. Al alma le gustan las cosas bellas y profundas».

Paulo Coelho

Guerrero de la Luz

Iluminación en siete días


Buda afirmó frente a sus discípulos: el que se esfuerza, puede alcanzar la iluminación en siete días. Si no lo consigue, sin duda lo logrará en siete meses, o en siete años.
Un joven se propuso conseguirlo en una semana, y quiso saber cómo debía actuar. “Concentración” fue la respuesta.
El joven empezó a practicar, pero diez minutos más tarde ya se había distraído, y consideró que no estaba perdiendo el tiempo, sino habituándose consigo mismo.
Un buen día decidió que no era necesario llegar tan rápido a su meta, pues el camino le estaba enseñando muchas cosas.
Y fue en este momento cuando alcanzó la iluminación.

Paolo Coelho

La historia de Humi


Hace muchos años, en la isla de Hokkaido, vivía el jóven Humi, que se ganaba el sustento picando piedras. Aunque jóven y sano, no estaba contento con su destino, y se quejaba noche y dá. Humi, pese a no conocer bien el Cristianismo sabía que, según su tradición, al menos una vez al año se satisfacían los deseos de la humanidad. Así, un día de Navidad rezó con mucha fé y para su sorpresa, se le apareció un ángel.

- Tienes salud y toda una vida por delante -le dijo el ángel-. Todos los jóvenes deben empezar a hacer algo. ¿Por qué vives quejándote?.

- Dios ha sido injusto conmigo y no me ha dado la oportunidad de llegar lejos – respondió Humi.

Preocupado, el ángel se presentó ante el Señor para pedirle ayuda y que su protegido no terminara por perder su alma.

- Que se haga tu voluntad -dijo el señor-. Como es Navidad, todo lo que desee le será concedido.

Al día siguiente, Humi estaba picando piedras cuando vió pasar un carruaje que llevaba a un noble cubierto de joyas. Pasándose las manos por el rostro sucio y sudoroso, dijo con amargura:

-¿Por qué no puedo ser noble yo también? ¡Ése es mi destino !

-¡ Así sea! -murmuró su ángel con gran alegría.

Y Humi se convirtió en dueño de un suntuoso palacio y de muchas tierras, rodeado de sirvientes y caballos. Salía todos los días con su impresionante cortejo y le gustaba ver a sus antiguos compañeros mirándolo con respeto, hasta que una tarde, el calor era insoportable; incluso bajo su parasol dorado, Humi sudaba como en los días en que picaba piedras. Se dió cuenta entonces de que no era tan importante como pensaba: por encima de él había príncipes, emperadores, y más alto todavía estaba el Sol, que no obedecía a nadie, pues él era el verdadero rey.

- ¡Ángel mío!, ¿por qué no puedo ser el Sol?. ¿Ése debe ser mi destino! – se lamentó Humi.

- Que así sea – exclamó el ángel, ocultando su tristeza ante tanta ambición.

Y Humi fue el Sol, como era su deseo. Mientras brillaba en el cielo, maravillado con su gigantesco poder para hacer madurar las cosechas o quemarlas a su voluntad, vió un punto negro que comenzaba a avanzar a su encuentro. La mancha oscura fue creciendo y Humi se dió cuenta de que era una nube que se extendía a su alrededor y le impedía ver la Tierra.

- ¡Ángel mío! -gritó Humi-. ¡La nube es más fuerte que el Sol!, ¡mi destino es ser nube!. Respondió el Ángel -¡Así sea!.

Se convirtió en nube y vio realizado su sueño. -¡Soy poderoso! – gritaba, oscureciendo al Sol. -¡Soy invencible! tronaba, siguiendo a las olas. Pero en la costa desierta del océano se erguía una inmensa roca de granito, tan vieja como el mundo. Humi pensó que la roca lo desafiaba y desencadenó una tempestad como el mundo no había visto jamás. Las olas, enormes y furiosas, golpeaban la roca intentando arrancarla del suelo y lanzarla al fondo del mar, pero, firme, la roca continuaba en su sitio.

-¡ Ángel mío ! -sollozaba Humi-. ¡La roca es más fuerte que la nube !, ¡mi destino es ser roca!.

Y Humi se convirtió en roca. -¿Quién podrá vencerme ahora? -se preguntaba-.¡Soy el más poderoso del mundo !.

Y así pasaron varios años, hasta que una mañana, Humi sintió una punzada aguda en sus entrañas de piedra, seguida de un profundo dolor, como si una parte de su cuerpo de granito estuviese siendo lacerada. Enseguida oyó unos golpes sordos y de nuevo un inmenso dolor. Loco de espanto, gritó:

- ¡Ángel mío, alguien está intentando matarme!. ¡Tiene más poder que yo, quiero ser como él!.

- ¡Así sea! -exclamó el ángel, llorando.

Y así fue como Humi volvió a picar piedras.

PAULO COELHO

Vía Némesis

El demonio le dijo a Buda


El demonio le dijo a Buda:

-Ser el diablo no es fácil. Cuando hablo, tengo que valerme de enigmas para que las personas no sean conscientes de la tentación. Tengo que parecer siempre astuto e inteligente, para que me admiren. Gasto mucha energía en convencer a unos pocos de que el infierno es más interesante. Estoy viejo, y quiero que pases a encargarte de mis alumnos.

Buda sabía que eso era una trampa: si aceptase la propuesta, él se transformaría en demonio, y el demonio se convertiría en Buda.

-¿Crees que es divertido ser Buda? – respondió. –¡Además de tener que hacer todo lo que haces tú, tengo que aguantar también lo que me hacen mis discípulos! ¡Ponen en mi boca cosas que no dije, cobran por mis enseñanzas, y me exigen que sea sabio siempre! ¡Tú no conseguirías aguantar una vida como ésta!

El diablo se convenció de que intercambiar los papeles era realmente un mal negocio, y Buda escapó a la tentación.

Paulo Coelho

La ley de Jante


“Tu no vales nada, nadie está interesado en lo que piensas, la mediocridad y el anonimato son la mejor opción. Si actúas así, nunca tendrás grandes problemas en la vida.”

Este post es corto y sencillo, pero embarga muchas cosas.  Es tomado del libro de Paolo Coelho “Ser como el río que fluye”, donde el autor a su vez parafrasea la ley de Jante, la cual fue enunciada por el escritor escandinavo Aksel Sandemose en 1933.

Y la vida es así, si eres mediocre o anónimo nadie te ataca ni nadie te toma en cuenta.  Basta con ser exitoso, o ser un triunfador, para que el mundo de mediocres te critique y trate de menospreciar.

Queda de parte de cada uno de nosotros pensar que si nos envidian, es porque tenemos algo que los que nos critican no tienen.

¿Qué es el amor? (Coelho)


Quiero estar junto a la persona que amo…

No quiero saber el precio que habré de pagar…

 No quiero saber si será bueno o malo para mi vida…

No quiero saber si esa persona me quiere o no…

Lo único que necesito, lo único que deseo, es estar cerca de la persona que amo…

Paulo Coelho

Como el Lápiz


 El niñito miraba al abuelo escribir una carta. En un momento dado, le pregunto:- ¿Abuelo, estás escribiendo una historia que nos pasó a los dos? ¿Es, por casualidad, una historia sobre mí?

El abuelo dejó de escribir, sonrió y le dijo al nieto:

- Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que las palabras, es el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueses como él cuando crezcas.

El nieto miró el lápiz intrigado, y no vio nada de especial en él, y preguntó:

- ¿Qué tiene de particular ese lápiz?

El abuelo le respondió:

- Todo depende del modo en que mires las cosas. Hay en él cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, harán siempre de ti una persona en paz con el mundo:

Primera cualidad:
Puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guía tus pasos. Esta mano la llamamos Dios, y Él siempre te conducirá en dirección a su voluntad.

Segunda cualidad:
De vez en cuando necesitas dejar lo que estás escribiendo y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final, estará más afilado. Por lo tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te harán mejor persona.

Tercera cualidad:
El lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que está mal. Entiende que corregir algo que hemos hecho no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia.

Cuarta cualidad:
Lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu interior.
Quinta cualidad:
Siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida, dejará trazos. Por eso intenta ser consciente de cada acción.

Paulo Coelho

Las Etapas (Paolo Coelho)


Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida.

Si insistes en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos. Como quiera llamarlo, lo importante es poder cerrarlos, dejar ir momentos de la vida que se van clausurando

¿Terminó con su trabajo?, ¿Se acabó la relación?, ¿Ya no vive más en esa casa?, ¿Debe irse de viaje?, ¿La amistad se acabó?

Puede pasarse mucho tiempo de su presente “revolcándose” en los porqués, en devolver el casette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.

El desgaste va a ser infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanas, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la

Vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltar, hay que desprenderse.

No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.

No. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, documentos por tirar, libros por vender o regalar. Los cambios externos

pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja,

hay que vivir con sólo lo que tenemos en el presente!. El pasado ya pasó.

No esperen que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere que alguna vez se den cuenta de quién es usted. Suelte el resentimiento, el prender “su televisor personal” para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si usted anda por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción.

Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de “regresar” (a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron

¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo!, si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase a usted mismo que no, que no vuelve.

Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Usted ya no es el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver. Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo. Ni usted será el mismo, ni el entorno al que regresa será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.

Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que ya no está en su vida. Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque: cuando usted vino a este mundo ‘llegó’ sin ese adhesivo, por lo tanto es “costumbre” vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir. Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr porque, le repito, ¡nada ni nadie nos es indispensable! Sólo es costumbre, apego, necesidad.

Pero…. cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte. Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.

¡Esa es la vida!

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