Cuando era niño, al igual quizás que muchos de ustedes, tenía un amuleto de la suerte. Era un “llavero de la suerte”. Lo llevaba para arriba y para abajo. Me ayudaba a salir bien en los exámenes y a ganar en los juegos de mesa y competencias en los que tomaba parte.
Luego me di cuenta que empecé a perder y salí mal en unos exámenes, y que el “talismán” estaba perdiendo su “potencia”. Y lo cambié. Me dijeron que las “patas de conejo” daban suerte. Pero a mi no me funcionó.
Luego me di cuenta que por más amuletos que llevara, y rezos que hiciera, si no había estudiado y no estaba seguro de lo que hacía, irremediablemente iba a salir mal…
Y ¿para qué sirven los amuletos? Quizás pueden servir para reforzar la confianza en las personas inseguras. Saben lo que están haciendo, pero no saben que saben. Necesitan un apoyo, un bastón en el cual apoyarse.
El problema es cuando nos volvemos adictos a los amuletos.
Necesito mi interior de la suerte…
Acá llevo mi anillo de la suerte…
Recé tres padre nuestros…
Te presto mi herradura de la suerte…
Y no nos preparamos para la competencia, para el examen, para la tarea. Y si nos sale mal le echamos la culpa al amuleto que no sirvió o a Dios que no nos ayudó.
Siempre me gusta la anécdota del hombre piadoso que todos los días le rezaba a Dios para que le permitiera sacarse la lotería. Al morir, por piadoso va al cielo, y lo recibe el mismo Dios. Y el hombre piadoso le pregunta:
- Dios, tanto que yo recé y te pedí para que me ayudaras a sacarme la lotería. ¿Es que nunca escuchaste mis ruegos?
Y Dios le respondió:
- ¿Y cómo te ibas a sacar la lotería si no compraste ni un solo boleto?
Confiemos en nuestra capacidad, preparémonos para los retos que tenemos por delante, capacitémonos para el trabajo, tengamos una actitud positiva y optimista. Esos son nuestros mejores amuletos de la suerte y las mejores herramientas para tener “un día de suerte”.
En días pasados me tocó (en excelente compañía) ver de nuevo “Casablanca“, esa mítica obra de arte de la cinematografía mundial, interpretada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, y merecedora de tres premios Oscar (mejor película, mejor dirección y mejor guión).
Esa es una de esas películas que se pueden ver una y otra vez, para poder saborearla en todas sus dimensiones, y a veces hasta de percatarnos de detalles que no vimos en las oportunidades anteriores…
Pues una de las frases clásicas de la película, y que ha pasado a la posteridad es algo así como “Aún nos queda Paris” o “Siempre nos quedará Paris” (We’ll always have Paris).
Rick (Bogart) conoció a Ilsa (Bergman) en París, donde tuvieron un tórrido romance, que terminó abruptamente con la llegada de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Rick se iría de Francia con Ilsa a buscar nuevos rumbos, pero Ilsa no llegó a la estación del tren y con una carta se excusó. Con los años Rick se encuentra en la ciudad de Casablanca (Marruecos), al frente de su “Café de Rick” y llega Ilsa con su esposo, un activo miembro de la resistencia en contra de los Nazis.
Casualmente Rick tiene unas cartas de tránsito (especie de Visas) en blanco que le pueden servir a Ilsa y a su esposo para huir de los Nazis y salir hacia Lisboa.
Y en el desenlace, Rick debe escoger entre quedarse con su eterno amor Ilsa, o dejar que se vaya con su esposo hacia Lisboa. Una especie de lucha entre el bien y el mal.
Al final, a punto de embarcarlos en el avión, Rick le suelta esa frase, para decirle que a pesar de no poder estar juntos en el futuro, les quedarán los bellos recuerdos vividos.
Y por eso es importante construir bellos recuerdos, que nos acompañarán hasta el fin de nuestros días.
¿Y no es como patético estar viviendo del pasado? Creo que en el sentido estricto si. No es muy sano. Sin embargo, el tener recuerdos memorables y agradables nos indican que hemos tenido momentos felices, momentos alegres, momentos de dicha. Y nos indican que no nos está prohibido tener esos momentos.No es vivir en el pasado. Es saber que hubo un pasado y que habrá un futuro.
Por eso, quizás no será hoy, ni mañana (ahora parafraseando a “Lo que el Viento se llevó“), pero seguramente algún día volveremos a vivir momentos plenos de dicha y felicidad.
Por unos cuantos meses, estuve con la idea de que mi matrimonio se había acabado por mi culpa. Cada vez que escuchaba a Alejandro Fernández cantando “Me dediqué a perderte” me rasgaba las vestiduras y me cortaba las venas. Me sentía identificado con la letra de la canción…
Letra de “Me dediqué a perderte“.
Escrita e Interpretada por Alejandro Fernández.
Porque no te besé en el alma cuando aun podía
porque no te abracé la vida cuando la tenía
Y yo que no me daba cuenta cuanto te dolía
y yo que no sabía el daño que me hacía
Como es que nunca me fijé que ya no sonreías
y que antes de apagar la luz ya nada me decías
Que aquel amor se te escapó, que había llegado el día
que ya no me sentías que ya ni te dolía
Me dediqué a perderte
y me ausenté en momentos que se han ido para siempre
Me dediqué a no verte y me encerré en mi mundo
y no pudiste detenerme
Y me alejé mil veces y cuando regresé
te había perdido para siempre y quise detenerte
Entonces descubrí que ya mirabas diferente
Me dediqué a perderte me dediqué a perderte
Porque no te llené de mí cuando aun había tiempo
porque no pude comprender lo que hasta ahora entiendo
Que fuiste todo para mí y que yo estaba ciego
te dejé para luego este maldito tiempo
Me dediqué a perderte y me ausenté en momentos
que se han ido para siempre
Me dediqué a no verte y me encerré en mi mundo
y no pudiste detenerme
Y me alejé mil veces y cuando regresé
te había perdido para siempre y quise detenerte
Entonces descubrí que ya mirabas diferente
me dediqué a perderte me dediqué a perderte
Con el tiempo, me di cuenta que la culpa no fue mía (por lo menos en su totalidad). En una pareja se supone que hay dos personas. Y ambas son responsables de hacer que funcione la pareja. La responsabilidad no es de una sola persona. Es compartida. Y quizás si yo me dediqué a perderla, pues por algo habrá sido.
Quizás la idea no es hacer un mea culpa ni buscar las causas que nos llevaron a una separación (traumática para mi), sino que más bien la idea es plantear que el amor no se acaba de un día para otro. No es lógico que uno de los integrantes de la pareja se acueste, y al día siguiente al levantarse diga:
- “Se me acabó el amor. No te amo más. Vamos a divorciarnos.”
Ese proceso es paulatino y progresivo. Y como miembros de una pareja, si vemos que las cosas no funcionan como queremos que funcione, la idea no es hacerse la vista gorda o esperar que la gota rebase el vaso. Y hay mucha gente que hace precisamente eso: ven que la gota está cayendo, y en vez de arreglar la gotera o al menos vaciar el vaso, se quedan mirando cómo se llena, hasta que rebosa y muy orondos dicen:
- “Ves, se rebosó el vaso. Por tu culpa!”
Y uno puede responder:
- “Si, se rebosó. ¿Y tu qué hiciste para que no se rebosara? ¿Por qué no me avisaste?”
Pero bueno, no es saludable estar siempre pensando “¿qué hice mal?”, “¿dónde me equivoqué?”, “¿qué hice?” o “¿qué no hice?”.
Se acabó el amor y punto. Lo que pensemos y atormentemos no va a ayudar a que el amor renazca de nuevo (y valga la redundancia).
Si la otra persona vió que se le estaba acabando el amor y no hizo nada por remediarlo, es tan culpable como la otra persona.
O es que no han escuchado (o vivido) el que “mi pareja no es la misma persona con quién me casé”.
Vale igual razonamiento. ¿Y es que cambió de un día para otro? Si cambió, esa transformación la hizo delante de nuestros ojos. Y si no dijimos nada o no hicimos nada, somos igual de culpables (y vuelvo a recordar las faltas por acción o por omisión).
No han escuchado alguna de las siguientes razones de divorcio:
Es que no somos compatibles. (¿Y lo eran antes de casarse?)
Es que le hieden (huelen feo) los pies… (¿Y es que el mal olor le vino el día anterior al divorcio?)
Es que se la pasa todo el día viendo TV… (¿Y eso pasó de un día para otro?)
Es que no sabe cocinar… (¿?)
Es que está gord@ (¿y engordó de un día para otro?)
Es que no estoy a su altura… (¿?)
Es que soy fe@… (¿Y eso no lo sabían antes, o se descubrió recientemente?)
Todas esas cosas las tolerábamos cuando sentíamos amor por nuestra pareja. Porque hay quien dice que querer es tolerar las virtudes, y amar es tolerar los defectos… Y cuando se acaba el amor, esas cosas que no importaban ahora resultan de vital importancia… De un día para otro…
Y la canción que me encogía el corazón y me hacía cortarme las venas, hoy me da risa. Quizás el título sea “Nos dedicamos a perdernos”.
No nos hagamos las víctimas. Si queremos estar tristes y cargar con todo el peso de la culpa, pues hagámoslo. Pero no es lo más sano. Estemos preparados para pasar la página y a aprender de nuestros errores para no repetirlos en el futuro.
Si se acabó la relación, pues ya. Se acabó. ¿Y qué podemos hacer?
Dediquémonos a terminar la carrera o el postgrado que no pudimos terminar.
No mendiguemos cariño ni amor.
Tengamos dignidad y autoestima.
Tengamos paciencia, ya que el tiempo es el mejor remedio.
Recordar que cuando se cierra una puerta, se abren 100 ventanas.
Ocupemos nuestro tiempo en actividades recreativas, gimnasio, deporte, hobbies.
Pensemos en que no podemos obligar a otra persona a amarnos en contra de su voluntad.
Acordémonos que las parejas están formadas por 2 personas. La culpa de la separación no puede caer en una sola. Cae en las dos.
Y por sobre todas las cosas, acordémonos que las cosas que a nuestra ex-pareja le parecen odiosas o hasta le producen disgusto, a otra persona pueden parecerle maravillosas.
En estas páginas seguro que encontrarán otros escritos que le ayudarán a atravesar el período de duelo en una separación.
La película es la misma. El guión es el mismo. Los personajes son los mismos. Lo que cambia son los actores…
En días pasados mi hijo mayor fue suspendido en el Colegio.Por supuesto que cuando le pregunté las razones de sus suspensión, me respondió que había sido un castigo injusto, ya que él no había hecho nada malo.
Uno de sus “amigos” se consiguió un dispositivo de Video Juego Portátil en el baño, y les dijo que se lo iba a quedar. (Total, si no tiene dueño, habrá pensado). Otro amigo le pidió el aparato y le pidió el cartucho con el juego, que a él le gustaba y no lo tenía. A todas estas, mi hijo estaba de “inocente” espectador.
Al rato llega un niño de un grado menor, buscando su aparato de Video Juego, que había dejado olvidado en el baño, y les preguntó a los tres si lo habían visto…
Demás está decir que ninguno sabía nada.
El niño fue a la Coordinación Docente a participar la pérdida de su aparato. A la final, uno de los docentes que se enteró de la pérdida vio a tres angelitos con caras de “yo no fui”, y aplicando técnicas sutiles (espero que así haya sido) de interrogación, logró desentrañar el misterio.
Por supuesto que mi hijo insistió que él no había hecho nada. Y tiene razón. No hizo nada.
A veces nuestro delito puede no ser de acción, sino de omisión.
Si tenemos amigos, y amigos de verdad, debemos ser capaces de decirles lo que es bueno y lo que es malo. A veces tenemos que decirles a nuestros amigos lo que ellos no quieren escuchar. A veces tenemos que hacer entrar en razón a nuestros amigos.
Qué bueno es no hacer nada. No siento culpa porque no hice nada. Pero a veces, no hacer nada es malo.
No se debe confundir entre amistad y complicidad. No se debe confundir entre amistad y alcahuetería.
Y por otro lado no se debe confundir el decir las cosas de acuerdo a nuestros valores y creencias, y el ser mojigato. No confundir entre decir las cosas y ser un soplón.
Nuestra sociedad actual vive con una carencia bárbara de valores. Y esos valores no se enseñan en el kinder, en el colegio o en la universidad. Esos valores se enseñan en el hogar.
Enseñemos entonces valores a nuestros hijos, que esa será la mejor herencia que les podremos dejar…
Muchas veces, y normalmente cuando vamos empezando o aprendiendo, necesitamos a alguien que nos diga si vamos bien. Una especie de mentor o de tutor.En nuestros primeros años, son nuestros padres. Y aunque no necesitemos que nos digan con palabras que vamos bien, sus gritos, expresiones y brincos cuando hacemos algo, nos indica que vamos bien.
Luego vienen l@s maestr@s formales, en el colegio. Ellos nos indican, con palabras y gestos, si vamos bien. Y para formalizarlo, lo plasman en un boletín de notas, donde queda registrado si vamos o no vamos bien.
Y cuando llegamos al trabajo, entonces es nuestro jefe quien se supone que nos debe decir si vamos o no vamos bien.
Y cuando entramos en una relación, entonces es nuestra pareja quien se supone que nos debe decir si vamos o no vamos bien.
Y cuando somos padres, creo que no hay manera inmediata de saber si vamos bien o no. Eso lo sabremos cuando nuestros hijos crezcan y veamos el producto de nuestro esfuerzo. Aunque en el camino siempre encontraremos uno que otro indicador acerca de si vamos bien o no.
Y cuando trabajamos o estamos en una relación, se supone también que ya estamos creciditos para poder discernir entre el bien y el mal, y saber si vamos bien o no.
Lo malo es que a veces ni en el trabajo ni en una relación recibimos la retroalimentación que muchas veces necesitamos para saber si vamos bien o vamos mal. Y a pesar que podemos discernir y podemos saber que está bien y que está mal, nunca están demás unas palabras de aliento y de ánimo. O unas palabras de consejo, o hasta un regaño. Y en líneas generales, eso se llama comunicación.
Pero lo que es cierto, es que muchas veces, ni en el trabajo ni en una relación logramos establecer una buena comunicación.
Y entonces debemos hacer las cosas y debemos seguir hacia adelante sin estar esperando palabras de aliento o de consejo. No es el escenario ideal, pero es el que ocurre en la mayoría de los casos, y a muchos nos pasa o nos ha pasado.
Y lo peor que podemos hacer es acostumbrarnos a esperar una palabra de aliento o de consejo por cada paso que damos. Llega un momento en la vida en que debemos ser independientes y poder avanzar sin necesitar la aprobación de las personas que nos rodean.
Eso es crecimiento, madurez, y confianza en nosotros mismos.
Y bien, ¿qué les pareció? ¿Les gustó lo que escribí?
Muchas veces he hablado del efecto “Calimero”, y de verdad no se si científicamente se ha hablado de eso o si científicamente eso existe.
Calimero, es el pequeño pollito negro con la mitad de la cáscara de huevo en la cabeza y que repetía constantemente eso de “Esto es una injusticia”, frase que llegó a ser famosa y repetida en toda España. Los dibujos animados se estrenaron por TVE en los años 70, fue una de las series preferidas de niños y adultos.Personaje de origen italiano creado por los hermanos Nino y Toni Pagot, e Ignazio Colnaghi, Calimero nació en 1963 para las necesidades publicitarias del detergente “Ava”. cuyo eslogan era: ¡Y si es negro es porque cuando nació se cayó en el lodo negro . Pero Ava lava más blanco, hasta los pequeños pollitos se quedarán resplandecientes.
Calimero tuvo varias adaptaciones “no publicitarias” en el dibujo animado. La primera, al principio de los años 70, comienza con el nacimiento de su huevo el que guarda una parte en la cabeza, y la serie se limitaba a un entorno muy familiar. Más adelante se realiza una nueva producción en Japón. Los episodios continuará hasta 1995, con aventuras alejadas de la escuela y del pequeño mundo infantil de los principios. En esta etapa vemos a un Calimero adolescente.
Calimero,un personaje que recordamos con cariño todos aquellos que vivimos la televisión de principios de los años 70.
No podemos estar toda la vida haciendo el papel de “Calimero”. La vida no es justa. La vida no es como queremos que sea. No soy hijo de Bill Gates, ni estoy casado con Jennifer López, ni vivo en una paradisiaca isla del Caribe. No soy Tom Cruise ni Robert Redford, y no tengo un Ferrari en el garage. Y puedo seguir nombrando las cosas que quisiera o me gustaría, pero que no tengo y que no son…
Nuestra vida es eso. Nuestra vida. Y debemos vivirla con lo que tenemos. No es ser conformista. Es aprender a vivir nuestra vida. Siempre me ha gustado un dicho que reza: “Si del cielo caen limones, debes aprender a hacer limonada”.
Si tu vida no es como te gustaría que fuera, tienes dos opciones: o te la calas (la aceptas), o empiezas a hacer algo para cambiarla.
Pero la próxima vez que te moleste algo de tu vida, no te hagas el Calimero. No te quejes. No pienses que la vida es injusta contigo.
La próxima vez que te moleste algo de tu vida, ten la determinación de cambiarla y hacer que te emocione, que te guste, y que te sientas cómodo con ella.
¿Cómo puedo olvidar? Muchas personas me han preguntado si yo tengo el secreto para olvidar. Han sufrido mucho, y quieren olvidar. No les gusta lo que han vivido en el pasado, y quieren olvidar. Les hicieron daño y quieren olvidar. Amaron, y ahora no son amados, y por eso sufren, y ya no quieren sufrir más.
Pero, ¿de verdad quieres olvidar? Pues creo que los recuerdos son nuestras más valiosas posesiones, y por lo menos yo no estoy dispuesto a borrarlos de mi memoria. Y no porque hayan sido todos esos años pasados de un excelente, y de una calidad, que todos ustedes sentirían mucha envidia de lo que viví. Para nada. Pero son MIS recuerdos. Malos o buenos, pero son míos…Esos recuerdos me ayudan a tener experiencia. A diferenciar el mal del bien. A diferenciar lo bello de lo feo. A diferenciar lo alegre de lo triste.
Me ayudan a ver dónde me equivoqué. Y me ayudan a evitar equivocarme de nuevo. Y lo más importante: me hacen saber que soy capaz de albergar bellos sentimientos, saber que soy capaz de amar, y soy capaz de ser amado. Saber que puedo ser feliz, y saber que puedo hacer feliz a alguien.
Nunca podré olvidar cuando estaba recién separado, y dentro de las convenciones legales del proceso, me tocaba estar con mis hijos un fin de semana cada quince días. El domingo, luego de entregarlos a su madre, me convertía en un mar de lágrimas sabiendo que no los volvería a ver en dos semanas… Pero a medida que se iba acercando el día de volverlos a ver, las lágrimas iban desapareciendo y daban paso a una emocionante excitación. Luego de unas cuantas semanas de tristeza y melancolía me dije: - ¿Y por qué llorar cuando los dejo en su casa? Piensa más bien que los verás en quince días y emociónate por ello…
Y en líneas generales me ha resultado. (Claro, no niego que a veces recuerdo lo que hicimos durante el fin de semana, y me entristezco de nuevo, pero rápidamente pienso en lo que vamos a hacer el próximo fin de semana que nos veamos).
Si amaron a una persona, y esa persona ya no los ama, ¿por qué deben olvidarla? Si pasaron las semanas, meses o años más felices de sus vidas al lado de esa persona, y ya no les ama, ¿por qué deben olvidar que fueron felices?
¿Duele? Claro que duele. Pero no debemos sufrir. Que nos sirva de aliciente para pensar: voy a encontrar a una persona que me ame más y a quien yo ame más. Voy a encontrar a una persona que me valore y que me quiera por lo que soy. Voy a encontrar a una persona que merezca ser amada, y que se de cuenta que yo merezco ser amado. Y es posible. Me consta.
Y si olvidar fuera bueno, no existiera la Historia, ni los Historiadores, que se encargan de que no olvidemos el pasado.
Y fíjense además que la memoria es selectiva. A cuántas personas no conocemos en el transcurso de nuestras vidas? A miles… ¿Y a cuántas recuerdan? Sólo recordamos a las personas que de una manera nos han impactado, positiva o negativamente.
¿Olvidar? Para nada. No quiero perder mis más preciados recuerdos. Buenos y malos. Pero son mis recuerdos.
Y si no los quieren, y si de verdad quieren olvidar, háganse entonces una lobectomía(1). Creo que es uno de los remedios más efectivos para olvidar. Pero, creo que tiene unos cuantos efectos secundarios que no les gustarán…
Muchas veces he escuchado a personas decir: “Quiero ser escritor”, “quiero comprarme un carro”, “quiero estudiar pintura”…
¿Y por qué no lo hacen? Aunque suene a cliché, “querer es poder”. Muchas veces las limitaciones nos las ponemos nosotros mismos.
Voy a retomar algunas conversaciones que he tenido con varias personas en tiempos pasados:
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- Quiero ser escritora.
- ¡Qué bueno! Y por qué no empiezas a escribir?
- Es que no tengo tiempo…
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- Quiero pintar.
- ¿Y por qué no pintas?
- Porque no se.
- ¿Y por qué no tomas un curso de pintura?
- Porque estoy muy viejo para aprender.
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- Quiero vivir en XX urbanización.
- ¿Y cuánto valen las casas alli?
- No se.
- ¿Y te alcanzaría con lo que tienes en el banco y con tus propiedades para comprar casa alli?
- No se. No he sacado las cuentas…
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- Yo soñaba con ser chef cuando era pequeño.
- ¿Y por qué no tomas cursos de Chef?
- Es que cocinar es para las mujeres…
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¿Cuántas historias no han escuchado ustedes, parecidas a éstas? ¿O cuántas no han contado ustedes mismos?
Antes de desfallecer y decir que no podemos, debemos investigar para ver qué opciones tenemos. No existen excusas de no tener tiempo, de ser muy viejo para aprender, de no saber… El que quiere puede. El que quiere pintar, pinta así no sepa y así no tenga pinceles. El que quiere pintar, pinta así no tenga manos. El que quiere correr, corre así no tenga piernas. El que quiere aprender música aprende, así no tenga instrumento. El que quiere estudiar y aprender, lo hace, así no esté matriculado en una universidad…
Cuántos ejemplos no hemos visto de personas con limitaciones, que ejecutan tareas, aún mejor que las personas sin limitaciones.
Ahora bien: quiero. ¿Y qué hago?
Muy fácil:
Visualiza lo que quieres ser, lo quieres hacer o donde quieres estar. Imaginalo. Suéñalo.
Luego, planifica. traza un plan de acción. ¿Cómo hacer para alcanzar lo que quiero? ¿Qué tengo que hacer? ¿Cómo lo tengo que hacer? ¿Lo puedo hacer?
Y finalmente, ejecuta el plan de acción.
Y suena fácil. Pero siempre encontramos las infaltables excusas en el camino. Tratemos de sortear esos obstáculos que nosotros mismos ponemos en nuestro camino, tengamos fuerza de voluntad, y apliquemos el dicho de “querer es poder”…
En el fin de semana pasado me sentí fuera de lugar, pero no en términos deportivos, sino literalmente, fuera de lugar, desubicado, fuera de contexto…
Desde que tengo uso de razón, me han gustado las comiquitas de todo tipo, y hasta me considero un Fan de comiquitas, pero este fin de semana me tocó llevar a mis hijos a una “Convención de Manga y Animé”.
No me había dado cuenta de lo grande que es la brecha generacional hasta este momento. Dicho en otras palabras, nos damos cuenta que nos estamos poniendo viejos en ocasiones como ésta.
A cada personaje disfrazado que pasaba a mi lado, tenía que preguntarle a mi hijo “¿Y ese quién es?”
Y es que me declaro culpable. De ser un fan de las comiquitas, que me creía que me las había visto, si no todas, la gran mayoría, me declaro ignorante en cuanto a los personajes de los Manga y Animés contemporáneos…
Los años no pasan en vano… Por eso debemos aprovechar cada uno de los minutos de vida que tenemos para disfrutarla al lado de nuestros seres queridos.
Comienzo hoy una nueva etapa en mi Blog de Reflexiones, quizás porque con los meses que llevo con él, he acumulado mucha experiencia (propia y ajenas), y que quizás pueda de una u otra manera seguir ayudando a l@s internautas que me visitan, con consejos o vivencias más concretas.
No soy un Gurú, ni un Monje tibetano, ni un dechado de sabiduría, pero escuchando y leyendo a las personas, y agregando mis vivencias, puedo ofrecer un coctel muy sustancioso a quien lo quiera.
Me llama la atención un correo que me envió una lectora, y luego le respondí también por correo, pero creo que el tema es demasiado importante como para dejarlo por fuera.
María (nombre ficticio), me decía que había tenido unas cuantas relaciones de pareja, y siempre la dejaban, con el corazón roto. Y su pregunta concreta era ¿si debía de cambiar ella o no? ¿Era ella el problema?
Desde mi punto de vista, inicialmente se debe hacer una autoevaluación y determinar las razones por las cuales se terminaron todas las relaciones. Luego se debe determinar si hay un patrón de coincidencia, es decir, si son las mismas razones, o son diferentes razones.
Si son las mismas razones, quizás sea bueno cambiar.
Vamos a estar claros: de todo hay en la viña del señor. Y quizás lo que me disgusta a mi de mi pareja, le puede encantar a otra persona.
Mi anterior pareja odiaba que yo usara pantalones Blue Jeans y Zapatos de Gomas. Quería que usara pantalón de vestir, zapatos de cuero y chaqueta, aún para ir al supermercado.
Mi anterior pareja odiaba que yo leyera (libros o periódico), porque estaba “desperdiciando el tiempo”.
Mi anterior pareja se molestaba cuando veía algún canal “pajúo” (soso) en la televisión, tal como Discovery Channel, History Channel o Nat Geo Channel…
A mi actual pareja le encanta usar Blue Jean y que yo use Blue Jean. Le encanta leer y que yo lea. Le encanta ver esos canales “pajúos” conmigo.
Viene el dilema: si yo cambio y no uso Blue Jean, ni leo, ni veo los programas que me gustan, lo más seguro es que no me sienta cómodo ni siquiera conmigo mismo.
Creo que uno debe ser auténtico, transparente, y hacer las cosas como nos sintamos más cómodos.
En algún lugar del planeta habrá alguien que nos quiera tal cual y como somos. En algún lugar del planeta habrá alguien que nos entienda y que nos comprenda, y nos acepte tal cual y como somos.
En algún lugar leí que “Querer” es aceptar a una persona con sus virtudes, y que “Amar” es aceptar a una persona con sus defectos y virtudes. Esperemos hallar a alguien que nos ame entonces.
Si van a cambiar, háganlo por ustedes mismos, y no para complacer a alguien, que quizás ni siquiera valore el esfuerzo que hicieron.
Es un buen tema de discusión, y a través de los comentarios se puede enriquecer aún más.