Eran dos grandes amigos. Trabajaban en un pueblo y decidieron ir a pasar unos días a la ciudad. Comenzaron a caminar y en una gran calle vieron un burdel que estaba frente a frente con un santuario. Uno de los amigos decidió pasar unas horas en el burdel, bebiendo y disfrutando de las bellas prostitutas, en tanto que el otro optó por pasar ese tiempo en el santuario, escuchando a un maestro que hablaba sobre la conquista interior.
Pasaron unos minutos, y entonces el amigo que estaba en el burdel comenzó a lamentar no estar escuchando al maestro en el santuario, en tanto que el otro amigo, por el contrario, en lugar de estar atento a las enseñanzas que estaba oyendo, estaba ensoñando con el burdel y reprochándose a sí mismo lo necio que había sido por no elegir la diversión. De este modo, el hombre que estaba en el burdel obtuvo los mismos méritos que si hubiera estado en el santuario, y el que estaba en el santuario acumuló tantos deméritos como si hubiera estado en el burdel.
*El Maestro dice: Precediendo a los actos, está la actitud interior. En la actitud interior comienza la cuenta de méritos y deméritos.
Tomado de “Cuentos Clásicos de la India” recopilados por Ramiro Calle



































Buen punto, hacer no significa lo mismo que en verdad sentirlo de corazón.
Gracias Luis.
Asi es, Laura. Son los hipócritas que viven en el mundo que obran así… De nada!!!!
En verdad, al actuar la actitud con la que realizamos las cosas es la que cuenta, por cuanto al dejarnos llevar por un reflejo sin sentir lo que hacemos, no hacemos nada, ya que al final nos sentimos vacios.